domingo, 19 de junio de 2011

CAROLO


Encontramos a Carolo nadando en la piscina de unos amigos, comiendo moscas plácidamente. No supimos a quién devolvérselo, así que lo adopté como perro. En poco tiempo me tomó como su mamá, y me seguía a todas partes. Yo lo sacaba de paseo por el barrio, lo bañaba en la bañera a diario y cazaba moscardones para él. Comía de todo menos pienso: mortadela, hígado de pollo, tripas de pescado, fruta...
Creció tanto que tuvimos que llevarlo a vivir a un parque estupendo del Ayuntamiento, con más patos, truchas y un recinto al aire libre. Me costó mucho dejar allí a Carolo, y lo hice con nocturnidad y alevosía, cuando nadie miraba.
Iba a verlo todas las semanas. Vi que no comía maíz ni pienso, pero cada vez estaba más gordo. Extraño, ¿no? Pues no, porque el bandido, acostumbrado a comer bien, fue pescando y comiéndose todas las truchas del parque; desapareció en cuanto los guardas del recinto le vieron cazar y engullir una de las más grandes. Supongo que acabó en la cazuela de alguno de los empleados municipales.
Esta historia me trae a la cabeza una canción:
"Cantan poco y comen mucho gorriones, loros y tordos.
No le hagas los oídos sordos al hambre de tu aparcero.
Come poco: al matadero llevan antes a los gordos".

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