miércoles, 22 de junio de 2011

CUMPLIR UN DESEO


            Mónica era una chica normal, una mujer de hoy en día: estudios, trabajo y muchas experiencias a la espalda. Había viajado cuanto había podido, había conocido todo tipo de gente, se había divertido, y finalmente se había casado. Todo le iba bien, no se podía quejar. Sólo le quedaba un deseo por cumplir, y ya era hora de intentarlo: con la estabilidad sentimental y económica, y los treinta rebasados, era el momento de ser madre.
            Comenzó a leer todo lo que se le puso a tiro sobre embarazos, lactancias, cuidados prenatales... revistas, libros, folletos, páginas web. Consultó a su médico, que le dio unos comprimidos de ácido fólico para prevenir problemas. La visita de la “señora de rojo” llegó puntual. Bueno, era raro tener tanta puntería.
            Los ojos se le empezaban a ir detrás de cada bebé que se le cruzaba. Visitaba a sus sobrinos con frecuencia, y la llamita del deseo maternal se iba avivando cada día un poco más. No bebía alcohol, no fumaba, evitaba el café... por si acaso. La “señora de rojo” se adelantó tres días. Lo normal, supuso.
            Compró un test de ovulación, comenzó a contar los días. Los nervios, la anticipación de “tiene que ser hoy o mañana, no puedo perder la oportunidad” hacía que estuviera siempre tensa. Su marido también tenía ganas de ser padre, pero le pidió que se lo tomara con más calma. Discutieron. La “señora de rojo” tardó una semana en presentarse, y lo hizo justo cuando Mónica estaba camino de la farmacia, llena de ilusión, para comprar una prueba de embarazo. Llorando, la guardó sin abrir.
            Comenzó a dormir mal por las noches. Se quedaba leyendo hasta tarde. ¿Y si era estéril? ¿Y si lo era él? ¿Y si el embarazo nunca llegaba? ¿Y si...? Buscó consejo en su madre, en sus tías. Tienes que ponerte así, tienes que ponerte asá, toma una infusión de esto o de lo otro, mira las fases de la luna... Nada.
            Cada mes que pasaba se observaba a sí misma con detenimiento, a ver si notaba algún cambio. Y cada mes fue acumulando una decepción tras otra, hasta que el asunto comenzó a afectarle más de la cuenta. Su carácter se ensombrecía. Dejó de tomar el ácido fólico. Pensó en buscar ayuda médica. Su marido le pidió un poco más de tiempo. Llegaba el verano, y con él las vacaciones. Nena, olvídate del tema y en septiembre ya veremos. Ella no tenía ganas de irse de viaje, sólo tenía ganas de llorar. Se había obsesionado tanto con el deseo de ser madre que no pensaba en otra cosa, ya no disfrutaba de nada.
            El vuelo hasta Argentina se le hizo largo. Les perdieron las maletas. El test de ovulación, el calendario, los libros... todo iba en ellas. Había que comprar ropa para los dos, se necesitaba mucha para las dos semanas en la Patagonia argentina que habían contratado. El hotel era precioso, en mitad de la pampa. De día, salían a montar a caballo, o de excursión. De noche, se organizaba una hoguera y todos se iban, con sus mantas, a ver la inmensidad del cielo estrellado. Era impresionante. No había televisión, ni internet. Al quinto día, su marido se cayó del caballo y se rompió una pierna y una clavícula. El miedo, las prisas, el hospital... ella se hizo cargo de la situación, el papeleo, los permisos. Hubo que operarle. Se volvió loca haciendo llamadas para cambiar los billetes de avión. Al fin, diez días después, pudieron regresar a España.
            Mónica se notó las molestias en la tripa, el dolorcillo de riñones, pero no le importó, habían podido regresar a casa, él se estaba recuperando, eso era lo primero. Ya tendría tiempo de pensar en lo demás. Pero, a pesar de la hinchazón del pecho, de la retención de líquidos y de la molestia normal, la “señora de rojo” no se presentaba. Da igual, ya vendrá cuando quiera, tengo que llevar a mi chico a rehabilitación. Además, no es posible, con la caída, el hospital, la operación... si casi ni hemos podido... Recordó la última noche de estrellas junto a la hoguera, el rato travieso antes del accidente del caballo.
            Estrella ya estaba en camino.

2 comentarios:

  1. Que puedo decir, GRACIAS!!! Eres muy especial, y sabes como ayudar a la gente. Aunque entiendo que no te dediques profesionalmente a ello, puesto que no hay dinero en el mundo para pagarte esto.

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  2. Estoy con Ana, muchísimas gracias Su y permiteme que me tome la libertad de cogerla como regalo de cumpleaños, creo que es lo mejor que me viene en estos momentos! ojalá hoy pueda comenzar a escribir la nueva historia,con el "tiempo al tiempo" y el "momento justo" como aliados!bss

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