viernes, 17 de junio de 2011

JENNIFERT

Anjana, la retratista en palabras que aparece en uno de los relatos de mi primer libro, anda por ahí suelta, haciendo su trabajo. Jennifert fue una de sus últimas clientas, y este fue el retrato que elaboró sobre ella. Espero que no le importe que lo publique, sabe que lo hago desde el cariño.


JENNIFERT

Jennifert. Confieso que tu nombre me desconcertó en un principio, y me pregunté por qué el destino empujó a quienes te crearon a llamarte así, pero después de conocerte ya no tuve dudas. Lo hicieron para dejar claro que otorgaban al mundo alguien único, original, alguien muy especial. Tanto, que ni siquiera su nombre iba a ser como los otros, sino que siempre iba a tener algo más, un toque distinto. Por eso el azar le añadió la “t”. La “t” del talento y la ternura, la del tesón y la tolerancia.

Siempre digo que para conocer a una persona hay que mirarla a los ojos y tratar de ver qué hay tras ellos. Yo miré la nobleza de tus pupilas castañas, y me di cuenta de que en su interior hay muchos sueños. Todo el mundo sabe que los sueños son algo precioso que casi siempre se deshace cuando llega el día, y quizá por eso a menudo tienes los ojos entrecerrados, para evitar que la luz del sol entre a raudales en tu interior y los ahuyente. Porque tú conoces el verdadero valor que tienen los sueños que se guardan dentro: son lo que nos empuja a seguir adelante en los momentos malos, el pañuelo que nos seca las lágrimas, el material del que están hechas la sonrisa y la esperanza. Por eso, cuando te quedas a solas, sacas alguno de ellos y lo acaricias, y esa es una de tus mejores armas para sentirte bien.

Me resulta curioso comprobar que aún eres una de esas “rara avis” que ama los libros, y sobre todo que los entiende. Creo que sabes, igual que yo lo sé, que los libros son los amigos más pacientes del mundo. No te echan en cara que los cierres y los dejes de lado durante meses, y son capaces de contarte su historia cuantas veces se lo pidas, de explicarte todo lo que no sabes, de hacerte reír y llorar sin más consecuencia que aliviar un rato de soledad. Ahuyentan tu aburrimiento, te ayudan a viajar y espolean tu imaginación. Y siempre, siempre están ahí para tí. No importa la hora, ni el lugar. Jamás te abandonan. A veces te gustaría ser un poco como ellos, porque eres una gran amiga de tus amigos, pero esa magia a los seres humanos nos está vedada. Sólo les pertenece a los libros.

No es difícil, mi niña Jennifert, querer a las personas que son como tú. Personas que a pesar de las bofetadas de la vida siguen confiando en los demás. Seres que regalan su bondad a quienes les rodean, que emplean gran parte de su tiempo en hacer que el resto del mundo se sienta un poco mejor. Amas a los animales porque ellos aman por naturaleza, sin reparar en el aspecto físico, sin mirar la ropa, la casa o la cuenta corriente de quien les hace una caricia. Tú también eres así, como ellos: un inagotable manantial de cariño. Yo sé que tienes la carita redonda para que tu sonrisa pueda ser aún más ancha, y que guardas los abrazos de las personas a las que quieres en un rinconcito de tu pecho. A esas dos arañas laboriosas y perfectas que son tus manos les ordenas tejer y fabricar objetos preciosos, casi siempre destinados a otras personas, porque tienes el inocente vicio de pensar más en los demás que en tí misma.

Me gustaría que, sólo por un instante, te vieras como te veo yo. No mides un metro noventa, no pesas cincuenta kilos, pero eres capaz de disfrutar de una buena comida sin remordimientos. No tienes una melena rubia platino que te llegue a la cintura, pero hay alguien que se muere por enredar sus dedos entre tus ondas castañas cuando te sueltas el pelo. No utilizas cosméticos carísimos para cuidar tu aspecto, y sin embargo tu rostro es hermoso porque está lleno de ilusión y de risas. Tienes un acento al hablar, heredado de la tierra en la que has nacido, que es suave y redondo como tú misma, y que hace que todo lo que dices suene bonito y alegre, como una caricia. Sobre tu boca risueña baila un lunar, el punto de la “i” de tu nombre, que se escapó de su sitio para lucir sobre tus labios. Tus brazos, tu pecho y tu regazo fueron hechos para abrazar, acoger y proteger, y tú misma ya los sueñas acunando alguna nueva y pequeña vida. Así, Jennifert, es como los demás te vemos: como un ser alegre y generoso que vino al mundo para hacer felices a los afortunados que te conocemos. Ahora miras al Atlántico soñando con cambiarlo por ese Mediterráneo junto al que te espera un capitán moro, pero no importa en qué lugar te coloque la vida: cualquier sitio será un sitio mejor desde el momento en que tú llegues.



Anjana, la retratista en palabras.
Enero de 2011.

3 comentarios:

  1. Me encaaaaaanta este retrato!! Y claro que no me importa que lo publiques, me ha hecho ilu verlo :D

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  2. Es que la que es guapa, es guapa. Y lo demás... cuentos.

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  3. Se me ocurren tantas cosas que decir sobre tu relato de hoy, Sú, que sería torpe al describir el más apropiado; sólo te digo: ¡HERMOSO!, por supuesto con mayúsculas.

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