miércoles, 8 de junio de 2011

JUANÓN


Di a luz a mi hija mayor una noche de infernal agosto. Cuando me llevaron a la habitación, con la criatura en brazos, me instalaron junto a una mujer mayor que yo. Lo suyo había sido cesárea, iba abierta de arriba a abajo, pero en la cuna no había bebé. Le habían extraído un prematuro severo de medio kilo, que estaba en la incubadora, sin muchas esperanzas de sobrevivir. Querían llamarle Juan.
Durante la noche, cada vez que mi hija lloraba, cada vez que yo la amamantaba o su padre le cambiaba el pañal, aquella mujer se daba la vuelta en la cama y, mirando a la pared, lloraba tratando de que yo no me diera cuenta. La leche se le salía a borbotones, sin otro remedio que tirarla al desagüe.
Al día siguiente, mi marido subió a ver a Juan. Era una especie de diminuto ratón con pañal, lleno de tubos y sondas. Bajó llorando, se fue a la calle y compró un peluche enorme. Se lo dio a aquella mujer, y le dijo: "Toma, para Juanón. Porque se va a hacer un tío grande, ya lo verás". Ella se lo agradeció, y los cuatro, los padres de Juanón y nosotros, lloramos juntos. A ellos les trasladaron de habitación esa misma mañana. A nosotros nos dieron el alta en dos días.
Hoy, mi hija mayor tiene once años. Juanón también, y es casi tan alto como ella. 
Sobrevivió.

1 comentario:

  1. te juro que se me acaban de poner los pelos de punta!!!
    quizás influenciada por el tema, del que en estos momentos ando algo sensible...
    aunque suene repetitiva... GRACIAS!

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