lunes, 13 de junio de 2011

MENSAJES DESDE EL MÁS ALLÁ


             El locutor de televisión desplegó una sonrisa luminosa en cuanto se encendió el piloto rojo de su cámara. Como hacía a diario, comenzó a relatar las noticias de la jornada: era un presentador de informativos. El más atractivo, el más chulo, bronceado, engominado y engreído de todo el canal. No se creía Dios, pero... bueno, pero casi.
            Esa noche, el locutor comenzó, como ya he dicho, a leer las noticias. Con su voz varonil y seductora le dio la primera patada al diccionario de aquel informativo: “Debido a la intensa niebla, se han producido retrasos considerables en los vuelos de hoy, que han afectado a varios miles de pasajeros del areopuerto de Barajas...” No era la primera vez, siempre lo decía mal, pero daba lo mismo. Nadie se daba cuenta, y él seguía siendo el mejor, el más atractivo, el más... todo. Dos noticias después, llegó la segunda: “El Ministerio de Sanidad obliga a retirar una marca de dentrífico por contener una sustancia catalogada como perjudicial...” Ni siquiera era consciente de que lo estaba diciendo mal, de que lo llevaba diciendo mal desde pequeño.
En lugar de enriquecerse leyendo y asesorarse para ser mejor profesional, los rayos uva, su estilista y un entrenador personal ocupaban todo su tiempo. Su terapeuta le tenía dicho que no debía leer crítica negativa alguna, así que, a pesar de que los espectadores le dirigían al canal de televisión innumerables correos señalando los errores del locutor, nadie los tenía en cuenta.
La estrella del informativo continuó hablando, y llegó la tercera: “Las condiciones metereológicas adversas produjeron la suspensión de...” En ese momento, una bola de papel arrugado surgió de la nada e impactó de lleno en la frente del locutor. Aguantó el tipo como pudo, pero en cuanto se vio fuera de plano, dio entrada a un reportaje grabado y montó en cólera. Gritó, rugió, insultó, despotricó un rato largo contra todos los presentes en plató que, atónitos, se miraban unos a otros tratando de adivinar quién había sido el autor del lanzamiento. Al fin, nuestro trajeado y necio amigo estiró el papel para leer su contenido. No se lo enseñó a nadie.
“Los Académicos de la Lengua estamos hartos de removernos en nuestras tumbas cada vez que usted abre la boca. Se dice AEROPUERTO, DENTÍFRICO y METEOROLÓGICO. No se llame usted a sí mismo profesional de la locución hasta que no sepa hablar correctamente. Cómprese un diccionario: si a un albañil que hace los muros torcidos se le despide, no entendemos cómo usted sigue en su puesto.
Atentamente,
Las generaciones pasadas de Académicos de la Lengua de Cervantes.”

2 comentarios:

  1. jajajjaa simplemente, GENIAL!!! Lástima que no sea un hecho real... o si?!?! ;) bsts y de nuevo, pese a poder resultar repetitiva, GRACIAS POR ALEGRARNOS LOS DIAS!

    ResponderEliminar