viernes, 24 de junio de 2011

NOCHE DE SAN JUAN

            Cumplimos con todos los rituales: fuimos a la playa (nosotros, y unos cuantos miles más), encendimos una hoguera en la arena, cenamos, brindamos, cantamos y bailamos en corro alrededor del fuego.
            A eso de las doce de la noche, la hora mágica, sacamos nuestros papeles. Cada uno escribió en su hojita lo que quería eliminar de su vida, y luego lo tiró a las llamas. Con un montón de deseos bonitos en los labios, nos fuimos a mojarnos los pies, y a saltar las siete olas en la orilla. El agua bullía de jóvenes bañándose. Flotaban flores y manzanas, anhelos depositados en el agua por las personas asistentes, según el ritual de cada uno. Yo, como desciendo de mujeres gallegas y supongo que algún gen de brujilla tendré, he desarrollado mi sortilegio particular, así que abrí mi bolso y metí la mano en él.
            Siempre he pensado que, aunque las cosas estén difíciles, no hay nada que no se pueda alcanzar. Incluso el agua del mar, con suficiente azúcar, podría llegar a saber dulce, así que tiré un terrón de azúcar al agua por el deseo de Rocío, y otro por el anhelo de Ana, que me da en la nariz que son bastante parecidos. Tiré uno más por la felicidad de mi paisanina, y otro para que desaparezca el tormento de Bea. Otro para que el trabajo de Suso le deje respirar, y el sexto fue para que Quela encuentre curro. Dos más por la salud de las dos familias, la que me parió y la que adopté al casarme. Un par de ellos para que la empresa de Nando no prescinda de él dejándole en una encrucijada difícil. Tres más por mis tres niñas isleñas, Tania, Guaci y Jen, y su felicidad de pareja. Dos para mi Bego saxofonista, ella ya sabe. Otro por Emma e Irene. Otro por mi Mari Paqui. Otro más, por la salud de “Amic”. Los cinco últimos los eché pensando en cierto rincón de Murcia que necesita ayuda (de la humana y de la otra). Salté las olas y me fui a buscar mi toalla, de nuevo junto a la hoguera, sobre la que también salté.
            Llegando a casa me di cuenta de que todos los deseos que había pedido eran para otros, pero realmente no es así. Realmente hice esas peticiones con la secreta y egoísta esperanza de que todas se cumplan, porque esa será la manera de que yo sea feliz. No conozco mejor forma de estar bien. Yo, al menos, no necesito mucho más.
           

3 comentarios:

  1. mil gracias!!! ya no solo me emocionas al leerte sino que has conseguido que se me pongan de punta los pelos hasta de la nuca!!!!!! eres un angel! bss

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  2. Muy bonito!! y muchas gracias por la parte que me toca de murcianica.....pero, ahora riendonos un poco que tambien va bien siempre, echarias al agua una caja entera de azucarillos no? je je. Saludos

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  3. Caben muchos deseos en una caja de kilo de terrones de azúcar... ¡y la eché enterita!

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