martes, 14 de junio de 2011

ROSI

          Rosi era una mujer especial. Se dedicaba a bordar por encargo. Lo hacía a mano, primorosamente, con hilos de seda de la mejor calidad. Bordaba sábanas para las novias, toallas para sus ajuares, y aplicaba graciosos dibujos en las sabanillas, colchas y arrullos de los bebés que parían las demás. Se dejaba los ojos, los dedos y parte del alma en cada uno de los bordados que hacía.
            La bordadora era soltera. Nunca tuvo novio, no se casó, jamás estuvo entre los brazos de ningún hombre ni se le conoció relación alguna, ya que apenas asomaba más allá de las puertas de su casa. Pero Rosi estaba enamorada. Desde que era poco más que una niña amaba al mismo hombre, aunque nunca se lo dijo, ni a él ni a nadie. Habría deseado ser para él, bordar sus propias sábanas de novia, su ajuar, vestir las cunas para los niños que tuvieran juntos, pero jamás se atrevería a hablarle: en aquel tiempo, las piernas secas y deformes que dejaba la poliomielitis infantil condenaban a las mujeres a estar solas, y su caso no era diferente. Quiso refugiarse en Dios, pero éste se volvió sordo de repente, y no la escuchó. Al contrario, le envió a una muchacha a encargar el bordado de sus sábanas para casarse con él. Se llamaba Rebeca.
            Se vio incapaz de cumplir el encargo. No podía preparar el ajuar de otra para desposar a su hombre. Pero no tenía otro oficio, y necesitaba comer todos los días. ¿Cómo podía afrontar aquello?
            Rosi bordó la “R” de su propio nombre entrelazada con la “M” de Mario, su Mario, y mientras duró el trabajo de adornar los seis juegos de sábanas, las mantelerías y las toallas para aquella boda, acarició la ilusión de que el ajuar era para ella. Nunca se habían visto bordados tan delicados y hermosos. Rebeca, agradecida por la calidad del trabajo, le pagó más de lo acordado. Rosi aceptó el dinero con su sonrisa de siempre, y no le dijo nada. Simplemente comenzó a bordar pequeñas rosas en una sabanilla de cuna.

3 comentarios:

  1. melancolía y tristeza se podrían obtener de la historia de Rosi. Lástima que la vida a veces sea tan injusta, pero ¿qué hubiese pasado si hubiese confesado su amor a Mario?!
    bsts y gracias de nuevo!

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  2. Si, no sabemos apreciar lo que tenemos... Gracias Sú :) un beso.

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  3. Cuánta declaracion de amor ahogada en la garganta, y condenada a vivir por siempre en las entrañas.
    Eres sensacional, Sú

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