sábado, 18 de junio de 2011

VIERNES SANTO


Éranse cuarenta músicos, muy bien vestidos, que fueron a tocar a la procesión del Santo Entierro. Érase un cielo amenazante. Éranse unos cofrades empeñados en salir a toda costa. Érase un sacerdote que, por alguna razón desconocida, retrasa más de una hora el comienzo de la procesión. Éranse rayos con centellas, truenos con tronío y dos saetas subacuáticas.
Y fuéronse de allí cuarenta pollos empapados, cuatrocientas partituras echadas a perder y cuarenta corbatas chorreando. Fin del cuento: después de correr tras el anda tratando de tocar "Nuestro padre Jesús" a un ritmo decente, los cuarenta pollitos mojados volvieron a su casa con cuarenta instrumentos envueltos en kleenex y cuarenta gripes en incubación. Pero glorioso, oigan.

1 comentario:

  1. una autentica lástima, creo que este año al 90 % les ha ocurrido lo mismo... coincidencia, destino?!

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