domingo, 3 de julio de 2011

EL ELECTRODUENDE


            Cuando era pequeña, yo también veía “La bola de cristal”. ¿Recordáis? Aquel programa en que salían la Bruja Averías y los Electroduendes. El caso es que por aquel entonces yo pensaba que los electroduendes existían, y que podían atacar en cualquier momento.
            Con el paso de los años llegué a creer que me había equivocado, a la única que vi en ocasiones fue a la bruja Averías, que se asomaba algunas mañanas al espejo de mi cuarto de baño (especialmente después de una mala noche, qué curioso, se parecía un poco a mí...) Pero hace unos meses todo cambió: un electroduende se coló en mi casa.
            Un sábado, de repente, el DVD se tragó el disco de la Princesa Rapunzel y se negó a devolverlo. No obedecía al mando, ni a los botones. La pobre chica, atrapada dentro de las fauces del aparato, sacó su trenza rubia por la ranura, pero por más que tiramos, no conseguimos sacarla. Unos días después, con nocturnidad y alevosía, el aire acondicionado de mi dormitorio se puso en marcha, emitiendo su habitual musiquita (tirorirorín). Y se apagó con la musiquita de apagarse (tirorirorán). Y se puso en marcha de nuevo (tirorirorín). Y se volvió a apagar (tirorirorán). Y así, una y otra vez hasta que conseguimos desconectarle la alimentación eléctrica a las cuatro de la madrugada, maldiciendo en todos los idiomas que conocemos y alguno más que nos inventamos. Una semana más tarde, fue el lavaplatos el que dejó de funcionar, de modo que volvimos al método de lavado tradicional de la vajilla doméstica (ya no me acordaba yo de la lata que supone eso). Y luego fue la tele la que hizo un fundido en negro y dejó de responder a estímulos externos.
            Eché cuentas mentalmente de lo que supondrían las reparaciones, e imaginé el desfile de técnicos varios por mi casa: “a ver, señora, esto son treinta del desplazamiento, más treinta de cada hora (o fracción) de mano de obra, más sesenta de la pieza, más el iva, añado el plus de gasoil por residencia fuera del área metropolitana de Valencia, más la ecotasa por gestión medioambiental de deshecho de las piezas retiradas, total... chorrocientos cuarenta y tres euros con treinta céntimos”. Entonces me felicité a mí misma por mi espléndida visión de futuro, le preparé un desayuno continental a mi costillo, y le dije: “amor, qué contenta estoy de haberme casado con un ingeniero técnico electrónico”. Luego le alcancé el voltímetro y un juego de destornilladores, y me fui a la peluquería.
            He de decir que la única baja que se produjo en la batalla fue el DVD, que falleció destripado después de serle extraída la princesa Rapunzel. El siguiente fin de semana fue sustituido por otro: a rey muerto, rey puesto. Lo demás funciona todo.
 El maldito electroduende debió emigrar, algo enfadado, supongo. Seguro que no esperaba encontrar un enemigo tan eficaz. Como decía mi abuela, adiós, majo. Tanta gloria lleves como paz dejas.

3 comentarios:

  1. Que bueno Sú, yo también tengo un costillo cómo el tuyo aunque el mío está tan liado a veces que tarda en hacerme las cosas y la última vez estuvo el horno en el balcón varios días hasta que se decidió a arreglarmelo, en fin no nos podemos quejar de lo que tenemos en casa nos ahorramos mucho dinero gracias a ellos jajajaja un besito guapa

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  2. pues si chicas, enhorabuena por esos costillos!!! son muy valiosos (por muchos motivos) asi que no los dejeis escapar que otras, nos tenemos que conformar con una palmadita en el hombro y decirles eso de "cariño, dejalo, no te preocupes, ya veremos como pagamos al técnico..."

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  3. Mi casa está un poco así, vaya desastre con todo lo eléctrico. ¿Tendrá algo que ver el anterior dueño de la casa? Montó toda la instalación eléctrica ya que es su profesión, tiene una empresa de electricidad.... Muy bueno me ha gustado mucho, felicidades

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