viernes, 29 de julio de 2011

HELADOS RIMADOS

            “Paco, tienes que ser original. La ciudad se está llenando de heladerías, y si no les das a tus clientes algo que nadie más les ofrezca, estás vendido”.
            Esas fueron las últimas palabras que le dijo su abuelo a Paco antes de traspasarle la heladería y marcharse para siempre. No, no os equivoquéis, el abuelo de Paco no se murió, sino que se retiró y se fue a vivir a Cuba con una mulata estupenda. Y dejó a su nieto a cargo de un negocio que había ido tirando los últimos años a trancas y barrancas.
            Paco no conocía otro oficio, y se veía mayor para empezar de cero, así que hizo caso al consejo que había recibido, y le echó imaginación al asunto: pensó, pensó, escribió y volvió a pensar, elaboró recetas nuevas, las probó, cambió el cartel del establecimiento e hizo una inauguración por todo lo alto.
“HELADOS RIMADOS”
            El primer cliente entró con su novia a media tarde. Estuvieron mirando con glotonería el expositor de cubetas de helado, con sus carteles indicando el sabor que contenían: turrón, avellanas, fresa, chocolate, kiwi, vainilla…
–Un helado de fresa para mí, y uno de chocolate para ella, por favor– pidió el cliente.
–No se los puedo servir, caballero –contestó Paco– Eso no rima, y si no hay rima, no hay helado.
El cliente se quedó un rato pensando, se rascó la cabeza, se echó a reír y al cabo de un rato, pidió:
            –Por favor, póngame un doble de fresa con frambuesa, y para ella chocolate bombón con un toque de turrón.
Paco, sonriendo, preparó los helados, se los sirvió y les dio las gracias. Durante aquella primera tarde combinó toda clase de sabores con la única condición de que rimasen. En pocos días toda la ciudad había pasado por la heladería, aunque sólo fuese por curiosidad, para pedir un helado rimado.
            En poco tiempo, Paco se dio cuenta de que había sabores que no rimaban con nada. El helado de plátano, por ejemplo, era una delicia y nadie lo pedía. Entonces se le ocurrió ponerlo un poco más fácil, y le cambió el cartel, pasando a llamarse “plátano maduro”. Creó un nuevo helado que no estaba en la carta, “chocolate puro”, y lo puso junto a “chocolate bombón” y a “chocolate” a secas. El kiwi también era un problema, tampoco rimaba con nada, así que pasó a llamarse “kiwi de las Antillas”, y para acompañarlo creó el helado de natillas. Con el tiempo, la carta de helados llegó a ser tan original y extensa que uno no sabía qué escoger.
            La última vez que fui pedí un combinado de castañas glaseadas con leche merengada. Ya estoy pensando en la próxima rima que me voy a comer esta misma tarde. Tal vez horchata de chufa con helado de trufa… ¿qué pediríais vosotros?

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