domingo, 3 de julio de 2011

LA MANTA


Hoy, antes de irme al examen de valenciano, voy a contaros la historia de una manta. Es una manta de lana, hecha con buen género de las mejores ovejas merinas de León. Una manta fuerte y bien tejida, con un dibujo sencillo de líneas rojas y de fondo blanco como la nieve. La manta trabajaba cobijando a las personas, dándoles calor y ternura, ayudándolas a descansar para el día siguiente, abrigando sus enfermedades, y empapando a veces sus lágrimas.
Un día, uno de los seres que se acurrucaban diariamente en ella desapareció para siempre. La manta se quedó tan desconsolada que no sabía cómo reaccionar. Luchó durante mucho tiempo para conservar entre sus fibras la esencia de aquella persona, pero el paso de los días y los lavados fueron diluyendo su rastro, hasta que sólo le quedó el recuerdo del amor. La tristeza comenzó a comérsela a trocitos, como una mala polilla, y no tenía fuerzas para defenderse. Sólo podía llorar.
Una noche, mientras escuchaba respirar a los dos cuerpecitos que dormían bajo su calor, se dio cuenta de que merecía la pena seguir adelante sólo por seguir cobijando la vida y los sueños de aquellas dos pequeñas, y también de que si permitía que las polillas de la tristeza y los problemas siguieran abriendo agujeros en ella, esos dos seres se quedarían desprotegidos. Por eso la manta buscó alguien que reparase los rotos, y aún remendada, consiguió seguir dando calor y amparando a las dos niñas, y de paso a todo el que lo necesitó.

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