lunes, 18 de julio de 2011

LAS MANOS DE MI MADRE



            Es extraordinario el poder evocador que tienen las canciones, ¿verdad? A veces, escuchas un tema que hace tiempo que no oías, y te trae a la cabeza un montón de recuerdos que tenías arrinconados en alguna parte de la memoria. Esto puede originar una sonrisa, una lágrima, o hasta un verdadero cataclismo de sentimientos.
            Ayer iba en el coche, puse un disco de mis adorados Sabandeños (ya sabéis que son mi debilidad, no lo puedo evitar) y sonó una canción, de sobra conocida por mí, titulada “Como pájaros en el aire”, y que habla de las manos de una madre. Mientras la escuchaba, vi las manos de mi madre. Las vi untándome la tripa con aceite de manzanilla cuando me dolía, de pequeña. Las vi pintando uno de sus preciosos cuadros al óleo, llenos de rosas frescas y de paisajes marinos, manchadas de pintura y oliendo a aceite de linaza. Las vi peinándome las coletas y planchando las camisas de mi padre. Las vi friendo buñuelos, heridas por las salpicaduras del aceite hirviendo, y también las vi fregando cazuelas, limpiando azulejos, abrillantando suelos... Las vi alargando las perneras de mis pantalones conforme iba creciendo, cosiéndome los botones del babero del colegio, porque siempre los perdía de tanto correr y jugar en el patio de la escuela. Ahora las veo acariciando a mis hijas, desmigándoles el pescado para que no quede ninguna espina que las pueda herir, preparándoles bocadillos para las meriendas... Veo que sus manos han cambiado: su piel está más arrugada, el eccema le ataca a temporadas y se las enrojece, y le han salido muchas manchas por la edad. Sigue llevando las uñas cortas porque el agua y el jabón se las estropean, nunca tiene tiempo de arreglárselas, y continúa usando el anillo de casada en el anular derecho. Siguen siendo las manos de mi madre, las manos que me cuidan y me protegen, las que miman a mi familia, las que vigilan noche y día para que nada nos falte y nada nos pase. Cada día agradezco a la vida el poder seguir viendo esas manos que me llevan ayudando a vivir desde el momento en que nací.
            Mi madre lleva dos meses de vacaciones en el apartamento de la playa, y no la he visto en todo ese tiempo. Esa canción me recordó lo mucho que la echo de menos. Mami, ya sé que hay dos horas y media de viaje de ida y otras tantas de vuelta, pero me da igual. El domingo, como sea, me voy a verte. Necesito que tus manos me acaricien el pelo, aunque sea para decirme “hija, péinate, que parece que te acabes de levantar de la cama. Anda, ven, yo lo hago”. Te quiero, mamá.

2 comentarios: