jueves, 14 de julio de 2011

REENCARNACIONES



            El de la reencarnación es un tema intrigante en el que todos, en mayor o menor medida, hemos pensado alguna vez. Disquisiciones religiosas aparte (los budistas tienen claro que sí, los católicos tienen claro que no...), como la mente es libre y puede pensar o imaginar lo que quiera, a mí a veces me da por pensar en lo que pudieron ser mis vidas anteriores, o cómo me gustaría que fuesen las futuras. Y como se supone que, independientemente de la forma en que uno vuelva a vivir, el espíritu es el mismo, digo yo que la vida de cada uno estará llena de pistas de lo que fueron sus existencias pretéritas.
            Yo supongo que en algún momento fui perro o gato. Por aquello del amor por los animales. Algo de minino tengo, sobre todo porque me pasaría el día durmiendo enroscada en algún sitio cómodo en el que me diera un poquito el sol. Y busco estar siempre en compañía, y pasear, como  los perretes.
            En otra vida imagino que debí ser guitarra, porque me gusta más una fiesta donde se toque y se cante que a un niño un chupa-chups. Y en cualquiera de esos saraos, una guitarra no puede faltar. Creo que por eso soy músico, y siempre estoy cantando.
            Añado a la lista de existencias pasadas una en la que probablemente fui una guanche tinerfeña. Claro, eso explicaría por qué aquella tierra me tira tanto. Seguramente también por eso veo unas papas con mojo, arepas, costillas con piñas, ropa vieja, gofio, quesillo o bienmesabe, y me hacen los ojos chiribitas.
            Se me ocurre que también, en algún momento de la historia, fui un árbol. Uno de esos en cuyo tronco los enamorados grabaron sus iniciales para que quedase testimonio de que se querrían para siempre, un árbol frondoso cuya sombra buscaban los mayores en verano, con nidos en las ramas, muchos pájaros, y fruta madurando al sol. Tal vez por eso cuando un incendio forestal se come un bosque entero de árboles, a mí se me revuelven las entrañas, y me pueden la pena y la impotencia.
            No sé cuántas vidas más he podido tener. Sólo tengo clara una cosa: cuando fui gato y perro, cuando fui guitarra, isleña y árbol, tuve a mi lado otro gato, otro perro, una bandurria, otro isleño, otro árbol que fue, en todos los casos, el mismo espíritu. Y que cuidó de mí y me quiso igual que hace ahora, encarnado en ese hombre formidable de ojos claros que cada día me recuerda que para él soy especial. Sé que, de una forma o de otra, siempre ha estado a mi lado. Y si en mi próxima vida nazco delfín, él también lo será para nadar junto a mí. No se me ocurre mejor perspectiva de futuro.

2 comentarios:

  1. precioso y sinceramente, son las palabras mas bonitas que se le pueden dirigir al compañero de TUS VIDAS!

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  2. Que precioso Sú, una declaración de amor en toda regla, lo mismo un dia de estos te la copio y se la digo a mi "él de ojos negros"

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