lunes, 18 de julio de 2011

SUEÑOS FRUTEROS



Os presento a una de las “okupas” que tengo en casa. Se llama Isi. La echaron a un contenedor de basura cuando era un comino, junto con el resto de la camada. Murieron todos, menos ella. Yo la recogí en la protectora de animales, y me empeñé en sacarla adelante a jeringazo limpio. Le inyectamos de todo, le metíamos la comida como podíamos, porque ella se había abandonado y ya no luchaba por vivir.
Sobrevivió, pero no es un gato normal. Es sorda, tiene asma, ronca como un camionero cuando respira (mis hijas la llaman “el lado oscuro de la fuerza”), nunca cae de pie, sino de culo. La pupila no se le cierra bien cuando hay demasiada luz, con lo cual hay momentos en que apenas ve. Pero es el gato más cariñoso y pegajoso que he visto en mi vida.
Como hay muchos ratos que no estamos en casa, Isi se sentía muy sola. No sabía con quién jugar, la otra gata y el perro que tenemos le dan miedo porque no los oye, ni los ve bien, no puede correr porque se ahoga... pero mi Isi es muy lista, y se buscó una pandilla adaptada a sus necesidades. Juega con ellos, huelen bien (el olfato es lo único que tiene sano, la pobre), se dejan mordisquear sin protestas, no la persiguen y puede dormir con ellos cuando quiere. Mi Isi se ha hecho amiga... ¡de las frutas del frutero! Es feliz entre plátanos, limones y manzanas. Les maúlla como si les hablara, los coloca y recoloca, se tumba en cualquier hueco entre ellos y se queda dormida.
De su ejemplo saco una lección que me está siendo muy útil: no importa cómo seas, ¡siempre encontrarás amigos a tu medida! 

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