miércoles, 10 de agosto de 2011

ESTO ME PASA POR BUENA

            Hay días en que uno no debería levantarse de la cama. Lo malo es que nos damos cuenta demasiado tarde. Hoy es uno de esos días.
            Esta mañana me fui, toda feliz, a dar mi paseo matinal con mi perrete, mi chándal y mis tacones, arreglá pero informal, como dice la canción de Martirio. De hecho, eso tarareaba. Iba contentísima, porque ayer había recogido un pajarillo volandero, desorientado y muy cansado, que se daba cabezazos contra el escaparate de un restaurante, y hoy iba a liberarlo. Lo dejé descansar toda la noche en una caja de zapatos, con agua y comida, y era el momento de devolverle a la naturaleza lo que era suyo. Caminé una media hora, buscando una zona de campo idónea para soltar al pajarín, que era verde y más bonito que un San Luis. Llegué al sitio, abrí la caja y salió disparado hacia un pino próximo, desde el que se me quedó mirando. Yo le dije adiós con la mano, y continué caminando. A los poquitos pasos, de pronto, noté un vivo escozor en una pierna. Miré hacia abajo sorprendida, y una avispa se fue volando. Yo protesté.
            –¡Oye! ¿Y tú por qué me muerdes? ¡Si yo no te he hecho nada!
El insecto se me acercó zumbando. Me miró con esos ojos tan feos que tienen las avispas y me replicó.
            –Eso de que no me has hecho nada lo dirás tú –me regañó con su vocecilla de avispa malhumorada–. Acabas de soltar un pájaro en mi campo, y los pájaros comen insectos. ¿Y yo qué soy, eh? ¡Un insecto! ¿Lo pillas? Pues ya sabes. Emigra si no quieres que te vuelva a morder.
            No supe qué responderle, y me marché. La pierna me dolía y se me estaba hinchando bastante, pero seguí caminando para alejarme de allí cuanto antes. Nunca me había picado una avispa, y recordé que mi madre es alérgica. Empecé a pensar que yo también podía serlo, y los nervios y la angustia se fueron apoderando de mí. Estaba sola en mitad de ningún sitio, sin cobertura en el móvil… Mareada, me senté en una piedra. Ese fue el momento que eligió mi perro para meterse en un campo de naranjos próximo que tenía la acequia de riego abierta y manando agua en abundancia. O sea, un barrizal tremendo. El tío se rebozó como una croqueta, haciendo caso omiso de mis gritos de protesta. Luego vino corriendo, contentísimo y juguetón, hizo pis en el último árbol y me subió las patas al pecho. El impecable polo blanco que me había puesto por la mañana había dejado de ser las dos cosas: ya ni blanco ni impecable, sino estampado de salpicaduras y huellas marrones. Un primor. Después, mi encantador chucho se sacudió a mi lado, y una lluvia de barro terminó de arruinarme la mañana.
            Me senté de nuevo en la piedra y me eché a llorar. La pierna me dolía mucho, estaba hecha un asco, no veía porque tenía las gafas llenas de barro, y me encontraba a más de media hora de camino de mi casa. No me había sentido así desde que era una niña.
            La Madre Naturaleza, desde algún rincón, se reía de mí a carcajada limpia, y no me extraña, porque debía tener un aspecto de lo más cómico, aunque a mí puñetera gracia que me estaba haciendo.
            Cuando alcancé el pueblo, cubierta de barro, con una pernera del chándal remangada, arrastrando al perro detrás de mí y con la cara llena de churretes marrones, la gente me miraba como riéndose por dentro. Yo, cojeando pero con la cabeza muy alta, llegué a mi casa y metí al perro en la bañera maldiciendo por lo bajinis a la Madre Naturaleza, a sus bichos y a sus charcos. Esto me pasa por buena.
            Hay días en que uno no debería levantarse de la cama. Hoy era uno de ellos. Y ahora, si me disculpan, me voy a limpiar mi cuarto de baño, que parece una pocilga.          

1 comentario:

  1. Ja ja ja que bueno Sú, no te quejes si has divertido es, claro para los demas, que ya me imagino el cabreo que has cogido, pero piensa en positivo, la pierna no se te ha inflamado, luego no eres alergica, si no habrías visto tú, y de perores no venga. !Ale ánimo y adelante! hasta la nueva aventura del vivir de cada día.Que tengas buen día, saludos.
    Ysabel

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