sábado, 6 de agosto de 2011

FLORES PARA UNA NOVIA

            Cuando llegue ese día, el sol lucirá de una manera especial. Todo serán nervios, prisas, carreras, pero con un trasfondo de alegría distinto al de cualquier otra celebración. El fotógrafo hará un extenso reportaje, y su madre irá a ayudarla a vestirse. Su niña mayor, parece que fue ayer cuando la sentía patalear en su seno, cuando le vio la cara por primera vez, cuando amparó sus primeros pasos, sus primeras palabras, sus inicios en la vida. Parece que no ha pasado el tiempo desde que la vestía igual que si fuese una muñeca, y hoy la adorna para que inicie una vida distinta en la que será la mitad de un todo, una de las dos columnas que sostendrá una nueva familia. La otra mitad, la otra columna, el novio, la esperará con la misma mezcla de amor, nervios y curiosidad que tienen pintada en la cara todos los novios en ese día especial. Y lo celebraremos todo, festejaremos el amor y la familia, brindaremos por los presentes y por los ausentes, que de algún modo estarán ahí, entre todos nosotros.
            Esa niña que saldrá vestida de blanco para iniciar su nuevo camino tenía doce años cuando yo comencé el mío, también vestida de blanco y llena de flores y de ilusiones; la recuerdo leyendo aquello de “el amor es comprensivo, el amor es servicial…” Esta vez será mi hija mayor, con sus once años en la cara y muchos nervios en la voz, la que iniciará la ceremonia. La libertad que otorga la boda civil ha hecho posible que esta vez el texto que se lea no haya salido de ningún libro sagrado, sino de mis manos.
            Me he pasado dos meses modelando pequeñas rosas de pasta de pan. Cien diminutas rosas blancas, con su hojita verde y un lazo azul, montadas sobre alfileres, y preparadas para ser prendidas en los vestidos de todas las invitadas a esta boda. Es un trabajo que nunca habría hecho por dinero, porque el cariño vale mucho más que un puñado de euros. En cada una de esas pequeñas flores he puesto uno de los muchos buenos deseos que guardaba para ella, y espero que todos se hagan realidad. Ella me leyó “el amor es comprensivo, el amor es servicial”. Yo le he escrito: “El día de hoy queda declarado como el día internacional de la libertad para elegir. Vosotros, siendo libres, habéis elegido continuar juntos a partir de aquí. Ojalá vuestro camino sea muy, muy largo”.
            Quisiera que le fueran las cosas por lo menos igual de bien que a mí, aunque soy consciente de que cuando decida ser madre a mí me hará tía-abuela, y eso me hace sentirme un poco más vieja. Eso sí, prometo que seré una tía-abuela de lo más marchoso.

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