sábado, 17 de septiembre de 2011

LORCA, QUÉ HERMOSA ERES

            Te conocí una noche de feria, hace ahora cuatro años. Estabas llena de vida, y eras hermosa como una estrella. Paseé por tus calles, y en pocas horas me dio tiempo a admirar tus rincones, la belleza de tu patrimonio, la simpatía de tu gente, el olor de tu aire. No iba a verte a ti, sino a unos músicos por los que sentía una inmensa admiración, pero sin esperarlo, como vienen algunas de las mejores cosas de la vida, te conocí, y me enamoré.
            A estas alturas, a través de mis relatos, ya habréis percibido que mi “yo” emocional está muy desarrollado, así que no tuve dificultades para ensanchar mi corazón, de modo que Lorca cupiera en él, y aquella noche disfruté del concierto que iba a ver tanto como del marco en el que se celebró. La experiencia fue preciosa, y después de aquello escribí una carta a los músicos a los que tanto admiraba para contarles lo que me habían hecho sentir. Pero olvidé escribirte otra a ti, Lorca, para decirte lo hermosa que me pareciste. Sería la luna, la música, o quién sabe qué, pero me dejaste un recuerdo tan bonito que aún no se ha borrado de mi mente.
            Casi cuatro años después, he vuelto a verte. Aquellos músicos a los que fui a escuchar entonces son ahora para mí tan importantes como miembros de mi familia, pero tú anoche no eras la misma. Vi las huellas del desastre en tu cara, y tuve ganas de llorar. Vi las ruinas, los solares, las grietas, los puntales, los andamios, las grúas. Pero después logré distinguir, debajo de tu piel, tu corazón. Y en medio de tu Plaza de España, con mis Sabandeños del alma cantando para ti, lo sentí latir tan vigoroso como entonces, con las mismas ganas de vivir y ser feliz, o quizá más que aquella lejana noche.
            Lorca, sigues ahí, y sigues viva. Aunque el pulso de la actualidad aleje nuestra atención de ti, los lorquinos sois nuestros hermanos, y no debemos olvidarlo. No permitiremos que os sintáis solos. Los caprichos de la naturaleza pueden alcanzarnos a nosotros también, y entonces necesitaremos que todos arrimen el hombro.
            Yo tengo una deuda contigo, Lorca. Te debo dos grandes noches, un rosario de preciosos recuerdos y muchos más amigos por hacer. Por eso sé que volveré, más pronto que tarde. Porque las deudas hay que pagarlas, y no se puede olvidar querer a quien te dio cariño. Y por eso digo bien alto, para que todos puedan oírme: Lorca, ¡qué hermosa eres, a pesar de todo! Te levantarás, crecerás, y serás otra vez una de las ciudades más bonitas del mundo, pero por dentro seguirás siendo igual, porque es imposible ser más bella y más valiente de corazón que lo que tú has demostrado ser.

1 comentario:

  1. Con tan solo dos visitas te siente asi , pues imaginate si nacistes , te criastes y pasastes los primeros años de jueventud en esa maravillosa tierra , como te sentirias?
    Gracias por tus palabras

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