martes, 13 de septiembre de 2011

MI CANTANTE FAVORITO


            Quien diga que no tiene un cantante favorito, seguramente miente. O tal vez no es consciente de que la sensación especial que le produce esta o aquella canción es en gran parte a causa de la voz que la interpreta. Pero si preguntásemos a la gente, casi todos te podrían decir quién es su cantante preferido. En secreto, ahora que no nos oye nadie, os voy a contar quién es el mío.
            Mi criterio para decidir sobre esta cuestión no se basa en cuántos discos vende, en dónde o cómo se corta el pelo ni en los atuendos que utiliza cuando actúa. Desde luego, jamás lo veré en ningún sitio vestido con filetes, como alguna que todos sabemos. Sé que tampoco lo veré borracho sobre el escenario, como otros muchos que conocemos, porque sabe que para ser artista de verdad el tener clase es un requisito fundamental. Su manera de sentir la música no tiene nada que ver con todo eso. Lo que me decide a elegirlo como mi preferido es lo que ocurre cuando él canta y yo lo escucho, cuando cierro los ojos y dejo que su música me invada, permitiendo que se abra la puerta de mis sentimientos.
            Cada vez que recibo un disco nuevo de mi cantante favorito y comienzo a escucharlo, dentro de mí cualquier cosa es posible. Puedo pasar de la melancolía a la alegría, del romanticismo al carnaval, del llanto a la ternura, de soñar despierta a cerrar los ojos para seguir sintiendo. Y vuelvo a ponerlo para apreciar más detalles, y otra vez se pone en marcha el carrusel de sentimientos. Necesito varias pasadas del disco para familiarizarme con él, para que la avalancha emocional no sea tan intensa y me vaya dejando espacio para apreciar cuestiones más técnicas. Entonces es cuando comienzo a descubrir los instrumentos que intervienen, esos objetos que cantan con voz propia y sin palabras, sin los que los músicos no seríamos nada, ni tampoco los cantantes serían más que voces desnudas. El mezclarlos para que el resultado esté lleno de calidad es todo un arte, y mi cantante favorito sabe mucho de eso. Sabe de guitarras y acordeones, de timples y contras, de bandurrias y laúdes, flautas y percusión, violines y piano. Sabe de todo lo que hay que saber, y de algunas cosas más.
            Después voy ahondando en los matices de la voz. Su acento suave y sin aristas arrulla con la delicadeza del mar en calma, y puede sonar a barítono o a tenor, puede cantar en toda la variedad de registros que haga falta, y siempre brilla. Brilla en los graves y en los agudos, en los pianos y en los fortes, de falsete o a pleno pulmón, pero añadiéndole a todo esa nota cálida que acaricia, llena de fonemas suaves, que es su idioma: un castellano sublimado por los vientos alisios y las rocas volcánicas de su tierra.
            Mi cantante favorito es moreno, castaño y rubio, tiene rizos y el cabello liso, o las ideas al descubierto, es alto y no lo es tanto, corpulento y delgado, muy joven y con muchos años de experiencia, tiene pensamientos de todos los colores, lleva gafas y no las lleva, y cuando miro a sus treinta y cinco rostros distintos, tengo la suerte de encontrar casi siempre una sonrisa de disfrute sobre el escenario, de agradecimiento al público y de aprecio hacia mí.
            No necesita un asesor de imagen: a la hora de actuar, mi cantante favorito se viste siempre igual, cubriéndose con la manta de sus antepasados, la manta de la tradición, y da igual que lo que cante sea de este o de aquel lado del océano, porque todo me deja un regusto a gofio, escaldón y quesillo, plátano maduro y malvasía.
            Dentro de tres días veré de nuevo sobre el escenario a mi cantante favorito. Hace más de un año de la última vez, y ya lo iba necesitando. Como me conozco bien, sé que durante ese par de horas reiré, lloraré, cantaré y bailaré, aplaudiré y disfrutaré como nunca, es decir, como siempre. Y volveré a casa con una sonrisa tan ancha que tendré que entrar de lado, porque no cabré por la puerta.
            Estoy deseando que llegue el viernes. ¿Quién no desea ir a ver a su cantante favorito?

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