miércoles, 26 de octubre de 2011

BAJONES DE MORAL

            Todos tenemos nuestros recursos para cuando llegan los momentos de desánimo. Los días en que uno se levanta con el convencimiento de que todo va mal y no va a mejorar forman parte de nuestra vida, y no conozco a nadie que no sufra el asalto del desaliento de tanto en tanto. La conjunción de factores ambientales, económicos, emocionales, hormonales, víricos o de la clase que sean en cada caso, se da en todos nosotros con cierta frecuencia, produciendo ese estado de pesimismo y de malestar que te deja el cuerpo como desmadejado, los ojos llorosos y la impresión de que no importa cuánto te esfuerces porque nada vale la pena, y navegamos derechitos al desastre.
            Ayer fue un día de esos. Pero de los malos, malos, malos. Repasas todo lo que te rodea y no ves que tus hijos están sanos, ni que tu marido aún tiene trabajo (es uno de los pocos privilegiados hoy en día, creo), no ves que tu perro te venera y que tus padres no te necesitan para desenvolverse, no ves que el sábado pasado abrazaste a tu amiga Eva, a la que adoras, y que el miércoles anterior abrazaste a tu amiga Paqui, a la que también adoras. No ves que Irene inauguró la nueva web de su negocio mágico y te puso encabezando una de las secciones, no ves que tu chico te mira y aún se muere por ti. Sólo ves que sigues sin trabajo, que se te acaba el paro, que pasas los días como si estuvieras en “stand by”, esperando una oportunidad que no llegará jamás.
            Nunca he ido a un psicólogo. Aún no lo he necesitado, y aunque sé que no dudaría en acudir a uno si de verdad me hiciera falta, de momento no se ha dado el caso. Y es que hasta la fecha he combatido mis “días nubarrón” con otros métodos. Ayer, como os decía, fue uno de esos días malos-malos-malísimos que todos tenemos de vez en cuando, así que eché mano de mi fiel ordenador, conecté con “san youtube” y eché varias horas viendo actuar a las chirigotas del carnaval de Cádiz. Ojo, necesito ver los vídeos varias veces, porque el hablar gaditano, para quien no está habituado, es un verdadero desafío. Me zambullí de lleno, disfruté del grupo de “El Remolino”, pero sobre todo de la comparsa de “El Canijo” en diferentes años, y de la de “El Selu” también, en varias ediciones. Y su humor, la chispa, el ingenio de esos magníficos artistas, músicos y poetas me fue levantando el ánimo. Avanzando el día estaba mejor, pero no del todo, así que comencé a repasar las canciones de mi grupo favorito, que conforman la banda sonora de mi vida, desde la adolescencia en adelante. Repasé, con los ojos cerrados, boleros, seguidillas, isas, folías, malagueñas, polkas y demás guiada por sus voces, en las que siempre encuentro consuelo, refugio y buenos recuerdos. Algunas canciones despertaron en mí destellos de momentos disfrutados, fogonazos de calor de lo que viví escuchándolas. Esa música me tendió la mano para ayudarme a subir desde el hoyo en el que estaba por la mañana, pero a pesar de estar mejor, aún no me sentía del todo bien. No era yo. Era el momento de echar mano del recurso de emergencia.
            Mujeres que me leéis, que sé que sois unas cuantas: cuando creáis que ya no hay nada que podáis hacer para cambiar las cosas, conectad el ordenador, entrad en youtube, y teclead “partos en casa”, o “partos en el agua”. Vais a llorar, os lo garantizo. Pero lo que vais a ver os va a recordar que sois fantásticas. Tanto las que sois madres como las que no lo sois vais a experimentar la emoción, la tensión, el esfuerzo, la ilusión y el triunfo de todas esas mujeres valientes que hicieron grabar sus momentos más íntimos y femeninos para compartirlos con vosotras. Momentos en que se sobrepusieron a ellas mismas y a todo lo que les rodeaba para defender la vida que llevaban dentro. Mujeres que empujan, que gritan, que ríen a carcajadas mientras dejan que su cuerpo se rompa para dar paso a sus hijos, que bailan mientras dilatan, que besan a sus hombres mientras sufren, que cantan entre contracción y contracción para calmar la ansiedad. Mujeres llenas de coraje que luchan por lo que aman. Ellas, vosotras y yo, somos iguales. Somos magníficas, y si somos capaces de eso, creedme, somos capaces de todo. DE TODO.
            No le tengamos miedo a la vida. Días malos hay para todos. Pero saldremos adelante, os lo aseguro. Lo vamos a conseguir.

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