viernes, 14 de octubre de 2011

CARTA DE AMOR A UNA DESCONOCIDA

            Querida Beatriz:
            Ya sé que posiblemente no te llamas así, pero sí que eres Beatriz para mí, porque no conozco tu nombre y me he tomado la libertad de adornarte con el más bonito que he encontrado, el que tú mereces: Beatriz.
            A pesar de no conocerte, sé todo lo que me hace falta saber sobre ti. Sé que a veces te quedas dormida por las mañanas y no te da tiempo a secarte el pelo. Sé que jamás sales de casa sin pintarte los labios, porque sin un poco de maquillaje te sientes desnuda, y sé que te gusta el olor de las violetas, porque tu perfume las lleva, y porque a veces paras a comprar algún ramito en el kiosko de flores de la plaza. A mí también me gustan las violetas, porque son tímidas, como yo, y porque huelen a ti. También sé que estuviste casada, porque llevabas una alianza que desapareció un día junto con tus ojeras, y que desde entonces hay más color en tus blusas, en tus zapatos, y también en tus mejillas.
            Mi amada Beatriz, el propósito de esta carta no es otro que el de mantener viva mi ilusión, aunque sé que tú nunca te darás cuenta de que existo. Trabajas en la oficina de un banco del centro, viajas en tren leyendo el periódico, y jamás te has fijado ni te fijarás en el barrendero que desde hace casi ocho años se ocupa de mantener limpio tu camino. El primer día que llegué a esta plaza y te vi salir de la boca del metro, con tu traje impecable, tus gafas de sol de marca y tu sonrisa pintada de rojo, supe que eras la razón por la que el destino me había puesto un uniforme verde y una escoba en las manos.
            No aspiro a tener más de ti que un esporádico “buenos días” cuando aparto mi carrito para que tú pases por la acera, porque las diosas como tú no se mezclan con simples mortales como yo. Sólo espero seguir viéndote a diario cuando vas a trabajar, presurosa, recién duchada y oliendo a violetas. Tal vez si llegase a conocerte de veras el encantamiento se rompería, y la magia en la que vivo inmerso se esfumaría, y yo dejaría de ser feliz. Soñar contigo, sentirme enamorado, es mucho mejor que vivir una realidad que posiblemente no sería como yo la imaginé, así que, para evitar que mi burbuja estalle en pedazos, lo mejor es que continuemos así, tú en tu reino financiero y yo con mi escoba, tú viviendo tu vida y yo soñando con la que podría tener contigo y nunca tendré.
No me frustra el hecho de saber que jamás besaré tus labios; prefiero no perder mi capacidad de soñar que arrebatarte un beso y encontrar que no tiene el sabor que yo esperaba. Mi fantasía es, posiblemente, mejor de lo que sería la realidad, así que, mi amada Beatriz, me quedo con ella y no contigo. Sólo necesito de ti que continúes apareciendo en la boca del metro por las mañanas, a las nueve menos cuarto. Lo demás corre de mi cuenta.
La mayoría de las personas que conozco piensan que la felicidad se alcanza cuando poseemos lo que deseamos. Yo no. Hay cosas que son mucho mejores cuando sólo las imaginas.

1 comentario:

  1. Madre mia Su, cuanto echaba de menos poder leerte, asi a ratitos, a escondidas!!! y vas y hoy, una vez mas, me llegas directa al corazón... no se como te las apañas para escribir sobre determinados temas días en los que esos temas a mi particularmente, me están afectando... (telepatia,¿?jeje)
    Estoy de acuerdo contigo, por desgracia, a veces nos puede el ansia por alcanzar la felicidad y lo que confundimos que nos hará felices... perdiendo la magia por el camino...

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