martes, 4 de octubre de 2011

ESOS OJOS NEGROS

            “… esos ojos negros no los quiero ver llorar, tan sólo quiero escuchar, dime lo que quiero oír, dime que vas a reír, dime ahora que duerme la ciudad…” Hoy me ha venido a la cabeza esta canción de Duncan Dhu, una de esas de mis tiempos jóvenes que se quedó en algún archivo profundo de mi memoria y que hoy ha salido a relucir para que se la cante a alguien.
            Cuando te enteras de que un buen amigo lo está pasando mal, lo primero que te preguntas es: ¿por qué? La respuesta suele ser obvia: porque lo que creyó eterno tenía fecha de caducidad, y porque él fue el último en enterarse, justo antes de que le dieran la patada que lo ha dejado tan dolorido. Entonces acude a tu cabeza la canción, y deseas no ver llorar sus ojos negros, pero el agua ya los desborda. No hay remedio. Rebuscas en tu bolsillo de las emergencias algún pañuelo y la palabra justa de consuelo que le haga sonreír. El pañuelo lo encuentras. Lo otro no.
            Tengo el hombro blandito e impermeable, como los corchos con los que los niños aprenden a nadar en las piscinas, y siempre lo presto para estas ocasiones. Viene muy bien para apoyarse y llorar sin sentir vergüenza. Siempre me hace recordar las veces que yo necesité uno y no lo tuve, por eso procuro estar cuando el mío es necesario. Para evitar que esos ojos negros lloren con la amargura añadida de que nadie supo entenderlo. Es difícil sentirse solo.
            Cuando una pareja se rompe siempre hay uno de los dos que sale ganando: el que se va. Si se va porque se desenamoró, está dejando de mentir. Si se va porque se enamoró mirando otros ojos, ha elegido ser feliz en otro lado. Si se va porque no se sentía bien tratado, gana la libertad frente a lo que vivía como una condena. Siempre el que llora, el que pierde, es el que se queda. Por eso, para esos ojos negros que sienten que han perdido la partida de su vida viajo hoy lejos con mi imaginación, para ofrecerle el hombro blandito en el que le hace falta apoyarse, un paquete de pañuelos que nunca se acaba, y una canción cantada bajito: “… los buenos tiempos volverán, pero espera, descuida, que ya vendrán. La lluvia los devolverá. Esos ojos negros, esos ojos negros no los quiero ver llorar, tan sólo quiero escuchar, dime lo que quiero oír, dime que vas a reír, dime ahora que duerme la ciudad…”

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