sábado, 1 de octubre de 2011

PAPÁ, ESE GRAN HÉROE

            Papá. Una de las primeras palabras que pronuncia un niño. Será por algo.
Uno de los más hermosos recuerdos que guardo de mi infancia es el de verme en los brazos de mi padre, fuertes y velludos, y estirarle suavecito de los pelillos para provocar su risa. Papá siempre tenía la solución para todo, y una gran voz de barítono que usaba para cantarme “Las mañanitas” los sábados, y sacarme así de la cama. Podía reparar cualquier cosa que se rompiese, entendía de albañilería, carpintería, mecánica… Papá preparaba las mejores paellas del mundo los domingos en el campo, conducía como un campeón, trabajaba, leía, escuchaba música, y me enseñó que hay que tener pocos amigos, pero que sean buenos.
Cuando superé la niñez y entré en la adolescencia, dejé de verle como mi gran héroe y en muchas ocasiones pensé que era injusto, que se equivocaba conmigo, y mi oposición y mi desacuerdo con sus decisiones ocasionaron algunos conflictos bastante dolorosos. Fueron parte de mi aprendizaje, pero vistos desde la óptica de la madurez me doy cuenta de que, una vez más, él tenía razón y yo estaba errando el tiro. Ahora le veo y le sigo admirando, con su disciplina diaria de lunes a domingo: su tabla de ejercicios para proteger la espalda, su largo paseo para mantener la forma física, su alimentación frugal, su música clásica y la hora de lectura en francés para evitar el deterioro de su capacidad cerebral, su periódico y su película de vaqueros de la tarde. Ya hace años que volvió a ser mi héroe, y aunque cuando le corto el pelo cada vez encuentro más zonas despobladas, está estupendo. Pero ahora, más que en ningún otro momento de mi vida, valoro lo que mi padre hizo por mí desde que nací hasta que abandoné el nido.
Hace unos años, mi hija mayor preparó un regalo en el colegio para el día del padre. Su maestra compró libretas, y se trataba de que decorasen las tapas con dibujos hechos por ellos. El dibujo debía reflejar algo que a papá le gustase mucho. No sé, ni me importa, lo que dibujaron los otros niños. Mi hija dibujó a su padre en el campo, paseando conmigo de la mano. “Porque lo que más le gusta a papá es estar con mamá”.

 A él se le llenaron los ojos de lágrimas, y yo no pude dejar de pensar que ellas son dos niñas fantásticas gracias a su padre. Él tiene solución para todo, lo puede arreglar todo, es paciente y alegre, las lleva, las trae, trabaja, las ayuda a estudiar y a pensar, les canta, les hace cosquillas… es su Papá, su gran héroe. Y aunque ya se avecina la época de cambios, espero que no olviden en ningún momento que papá estará siempre ahí para ellas, y que, aunque piensen que se equivoca, al final se darán cuenta de que su vida sin él sería infinitamente más dura.
La madre nos es vital, nos hace falta. Pero el padre también. Yo quiero disfrutar del mío todo lo que pueda mientras lo tenga conmigo, y que mis hijas disfruten del suyo cuanto les sea posible. Son los dos héroes de mi vida, dos súper-hombres que lo pueden todo. Qué amor más grande.

No hay comentarios:

Publicar un comentario