sábado, 26 de noviembre de 2011

SANTA CECILIA

            Esta semana celebramos Santa Cecilia, la patrona de los músicos, y como soy mujer, y por tanto de natural curioso (ya lo he dicho alguna vez y no me avergüenzo de ello, porque el que no tiene curiosidad se pierde un montón de cosas, y a mí no me gusta perderme nada. Además, luego estas tonterías que aprendo me vienen de cine a la hora de jugar al Trivial) me puse a investigar a ver por qué precisamente es ella la patrona de los que nos dedicamos al cante, al toque o a ambas cosas.
            Parte de la culpa de esta mini-investigación sobre la santa en cuestión la tiene el cura de mi pueblo. El hombre está empeñado en que la banda encargue a un escultor una imagen de Santa Cecilia y la done a la iglesia. En principio no me pareció mal, así que me fui a preguntar precios. Ahí se me acabó la buena intención. “Dos mil Euros por una normalita, cuatro mil por una aceptable. Y de ahí en adelante… lo que quieras”. La mujer de la tienda de santos se moría de risa, imaginad la cara que se me debió quedar. Todo un poema. Lo siguiente fue ir a ver al cura y decirle que nuestro presupuesto nos da para, como mucho, un póster de la santa. Creo que se molestó un poco, pero dos faenas tiene: molestarse y des-molestarse. No hay estatua.
            De todos modos, después de ver el catálogo de Santas-Cecilias y otras habitantes de la corte celestial que había en la tienda, cada uno con los atributos propios de su cargo, me picó la curiosidad y me puse a buscar. ¿Quién era Santa Cecilia? Pues resulta que fue una mujer que dedicaba parte de su vida a propagar su fe cristiana, y por ello fue condenada a morir. El caso es que la detuvieron, y fue encerrada en la sala de calderas de una terma romana, esperando que se asfixiara con el calor y la humedad, pero muchas horas después aún seguía allí dentro cantando alabanzas a Dios, por lo visto estaba más a gusto que un arbusto disfrutando de la sauna, y canta que te canta. Los impacientes romanos, como no se moría, la sacaron y la decapitaron. Igual no cantaba tan bien como cabría esperar en una santa… El caso es que esas canciones de alabanza a Dios y el martirio la colocaron en los altares, pero para recalcar que es la patrona de los músicos se la representa tocando el arpa (pese a que no sabía tocarla), o tocando el piano (que ni se había inventado en la época en que a ella la pusieron a sudar en el caldarium). O sea, que la imagen, como muchas otras del cristianismo, es esencialmente mentira.
            Tirando de ese hilo, fui buscando unos cuantos santos cristianos más, y resultaron ser, la mayoría, un horror. Empezando por Santa Lucía, la patrona de los invidentes y los oftalmólogos, que siempre sale con los ojos en un plato. ¡Con los ojos en un plato! Vamos, una imagen agradable donde las haya. O San Roque, con sus pústulas putrefactas por las piernas, y el perrillo que se las lamía. La higiene y la asepsia ante todo. San Emeterio y San Celedonio, los patrones de Santander, no son más que dos cabezas cortadas en una cesta (¡uf!), y si seguimos repasando, el que no sale atado a un árbol y con más flechas clavadas en el cuerpo que un acerico, sale crucificado boca abajo o con la lengua cortada… vamos, que luego nos quejamos de las películas de terror. Sólo de imaginarme la cabeza de San Juan Bautista en una bandeja  me entran escalofríos. Aunque luego, analizando las imágenes de la Virgen María con el corazón atravesado de puñales toledanos, y a Jesucristo en su cruz sangrando por rodillas, manos y pies, la corona de espinas en la cabeza, y un lanzazo en el costado por si no había bastante, ya me puedo esperar cualquier cosa. Para luego resultar que lo del corazón y los cuchillos es una alegoría del sufrimiento, y que la crucifixión de Cristo es físicamente imposible tal y como la conocemos, y que los clavos debían estar colocados en tobillos y muñecas, y no en manos y pies, que se desgarrarían por el peso. Resumiendo: el mundo de la iconografía cristiana está plagadito de trolas.
            En fin, esta semana ha sido Santa Cecilia, y mañana domingo muchos de nosotros, los músicos, lo celebraremos con concierto, misa y una buena comida, porque aunque en nuestro fuero interno sintamos que la música nos hace felices y nos resulta necesaria, también es una actividad muy sacrificada y a menudo ingrata, y nos merecemos un homenaje de vez en cuando. La famosa santa de la sauna no es más que la excusa, pero bueno, sea como sea, felicidades a todos, y viva Santa Cecilia, aunque no supiese tocar el arpa.

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