domingo, 25 de diciembre de 2011

CARTA A PAPÁ NOEL

            Querido Papá Noel:
            Este año he sido un niño muy bueno. Casi no he desobedecido a mi mamá, y sólo he hecho enfadar a mi papá un par de veces… o seis. Tampoco le he puesto la cabeza loca al abuelito y le he dejado descansar a la hora de las siestas, y no he pedido chucherías a la abuelita todos los días. Solamente algunos.
            Te tengo que decir que en el colegio también me he portado lo mejor que he podido, ya no llamo gafotas a Rebeca como hacía el año pasado, y tampoco me he pegado con ningún otro niño. Bueno, sí, una vez, pero fue en defensa propia, te lo prometo. A Javier le han puesto aparato en los dientes, y aunque creo que parece Robocop no se lo he dicho porque sé que eso estaría mal. Mi maestra está muy contenta conmigo, ya no tiene que reñirme todo el rato y he dejado de ser “su pesadilla”, como me decía antes.
            En casa hago la cama todos los días, ya no me escondo para no lavarme los dientes, vacío mi papelera y cuando me ducho intento no dejar el baño como un bebedero de patos, así que mamá está contenta y me da muchos besos. A veces se pone un poco pesada, pero no se lo digo. Creo que antes me quería mucho, pero ahora me quiere más porque ya no soy como “el demonio de Tasmania”, que arrasa todo a su paso.
            Mi hermana Ángela tampoco te va a hablar mal de mí este año, porque ya no le quito dinero de la hucha, ni le fisgo el móvil para ver los mensajes de sus amigas y burlarme de ella. También he dejado de esconderle sus calcetines favoritos, y aunque sé que lleva sujetador no la hago llorar llamándola “tetas de vaca”.
            Antes pensaba que todas esas cosas que hacía eran divertidas, pero desde que las navidades pasadas me dejaste sólo un juguete por haber sido tan malo (que encima era un puzzle que no te había pedido y que no me gustó), he recapacitado, y me he pasado el año entero esforzándome por ser bueno. Pero no te escribo para pedirte un montón de juguetes como premio, sino para que no hagas el viaje hasta aquí por mí, porque ya no hace falta: ayer, al pasar junto a un contenedor de basura con mi papá, vimos una caja que se movía, y dentro había tres cachorros de perrito, todos de color negro. Eran muy pequeños, tenían los ojitos cerrados, y temblaban mucho porque tenían frío. El veterinario se ha quedado con dos para intentar que alguien los adopte, y me han dejado que me quede con el tercero. No sé de qué raza es, ni lo grande que se va a hacer, ni cómo será de mayor. Lo único que sé es que es mío, y como es el mejor regalo del mundo, ¿para qué quiero que me traigas tú nada más?
            Si pasas por aquí cerca, asómate si quieres para verlo, te va a gustar mucho. Y los juguetes que me pensabas dejar a mí bajo el árbol, llévaselos a otros niños. Seguro que les encantarán.
            Muchas gracias por todo y que tengas una feliz Navidad, querido Papá Noel. Un besito.
            Raúl. (Y “Trasto”)

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