jueves, 1 de diciembre de 2011

EL GUSANO GRIS

            El gusano gris se odiaba a sí mismo. Es difícil vivir cuando no te gustas, cuando tu cuerpo te da asco, cuando ves que los demás ponen cara de disgusto cuando te ven. Es difícil no sentir la misma repulsión que sienten los otros cuando descubren algo tan feo.
            El gusano gris había nacido, como la mayoría, en el campo. Salió de un huevo entre muchos, y nadie le dijo que su destino iba a ser convertirse en una magnífica mariposa. Su padre y su madre no estaban cuando él nació, y no encontró quien le diera razones para sentirse bien. Comió hojas, como le mandaba su instinto, y poco a poco se fue haciendo grande. Y cuanto más grande era, más asco daba. Se acabó convirtiendo en un gusano gordo y gris que se escondía de todos porque sabía que verle resultaba desagradable a todo el mundo, empezando por él mismo. Reptaba por las plantas de una manera asquerosa, sus ojos daban repelús, su cuerpo producía escalofríos a los niños que le veían. No podía seguir así. Su vida era una porquería.
            Los caracoles le miraban y le huían, pese a que no eran los animales más bonitos del lugar, desde luego. Cornudos y babosos, daban también bastante asquito, pero al menos tenían su cáscara para esconderse, y el gusano se la envidiaba. A él muchas veces le habría gustado tener algún lugar en el que esconderse, sobre todo cuando alguien le veía y exclamaba: “Aaaaaaaaggggg, qué cosa más feaaaaaa”. Hasta los árboles hacían una mueca de desagrado cuando le veían llegar. Nadie le quería.

            Un día, a la mata de hinojo en la que solía refugiarse llegó un saltamontes. Venía contento, acababa de escaparse de una casa humana a la que un niño travieso le había llevado. Antes de huir por una ventana entreabierta, había visto a la mamá del gamberrillo peinarse, maquillarse y vestirse para una fiesta, y la diferencia de aquella mujer cuando la vio por primera vez con un chándal y un delantal, a admirarla peinada, bien vestida, brillante y hermosa, le había parecido una transformación similar a la de un gusano en mariposa. Nuestro gusano le escuchaba hablar y pensaba en sí mismo. ¡Eso era lo que necesitaba! Si se pintaba y se arreglaba, tal vez dejaría de darle asco a la gente. Y, resuelto a cambiar su suerte, se coló en la casa de los humanos.
            Cuando salió de allí para volver al campo, el gusano era otro. Caminaba orgulloso, con su reptar de siempre, pero esta vez iba pintado de brillantes colores. El amarillo y el verde se alternaban sobre su piel, de manera que llamaba la atención por donde pasaba.

 Cuando lo vieron llegar, en el campo no se habló de otra cosa durante días. Ya no daba asco, al contrario, todo el mundo quería conocerlo y admirarlo. Él se subía a la rama del hinojo para saludar a cuantos pasaban cerca, ufano y contento. Ahora sí se sentía bien. Ya no se odiaba, al contrario, estaba encantado con sus colores, con la expectación que despertaba y con los halagos que le dedicaban los demás insectos. Incluso un caracol se llegó a enamorar de él, y le prestó su cáscara para pasar las noches.
            El gusano, verde y amarillo como un semáforo confuso, se subía a la rama del hinojo todas las mañanas para ser admirado por el resto de insectos del bosque. Y un día, cuando más contento estaba de sí mismo, y más envanecido por los elogios que le dedicaban el resto de insectos, pasó volando una abubilla hambrienta, lo vio desde lejos gracias a sus vivos colores, hizo un picado rápido… y se lo comió. Ya nunca se convertiría en la magnífica mariposa que vivía dentro de él. Tuvo demasiada prisa por ser hermoso, y eso le costó la vida.
            Las prisas nunca fueron buenas para nada. Crecer antes de tiempo no lleva a ninguna parte, sino que nos expone a situaciones que no estamos preparados para afrontar. Para madurar hace falta tiempo, y saltarse pasos es tentar a la suerte. Palabra de gusano.

1 comentario:

  1. me encanta, como todo lo que escribes... y hoy como tantas otras veces, me llegas directa al corazón, porque me siento un poco como ese gusano, con la diferencia, que yo hoy comienzo a intentar cambiar los colores, pero no para subirme a la rama a que me admiren, sino para lograr esa transformación en mariposa que se que algun día llegará! bss

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