lunes, 26 de diciembre de 2011

EL POETA

            Le encontré hace pocos meses. Nunca había conocido a un poeta, y me sorprendió. Me sorprendió su melena castaña, su voz tenue sin pretensiones, la sinceridad de su gesto. Sus ojos reflejaban una edad que no presentaba su cuerpo, una juventud física extraña en alguien que mostraba una vida interior tan intensa en sus poemas.
            El poeta destapó durante unos minutos la esquina izquierda de su alma compleja, desgranando palabras frente al micrófono del local en el que nos reunimos en ocasiones, y recuerdo que me dio escalofríos el aluvión de sentimientos que había volcado en unas pocas frases. Quise, necesité, hablar con él, preguntarle, conocer. ¿Cómo se hace para construir versos así? ¿Cómo se consigue hacer que quien te escucha sienta, viva, vuele, respire lo que tú has escrito? Sus ojos marrones miraron extrañados mi madurez, como si le estuviera preguntando algo obvio. Pero yo insistí, porque soy prosista, escribo cuentos, historias, y no versos. Trato con mis palabras de emocionar, de explicar, de que quien me lee entienda lo que yo vi, o lo que imaginé, y se haga una idea precisa de lo que trato de transmitir, pero no poseo la gracia del verso. Se me resiste, y no porque no lo haya intentado, sino porque la fuente de mis ideas no es capaz de manar otra cosa que relatos. Cortos, largos, pero relatos, no poemas.
            El poeta me contó su secreto: él hace canciones, y luego las desnuda de su traje musical hasta dejarlas con la piel viva y vibrante a la vista de todos. Por eso sus poemas tienen ritmo, por eso poseen vida propia y cuando los escuchas tu propio corazón adquiere la misma cadencia. Tan natural como respirar, tan sencillo como cerrar los ojos y dejar que lo que estás escuchando te invada, te susurre y te haga sentir vivo.
            Iván, el poeta- músico, tomó un sorbo de su vaso, agitó descuidadamente su melena de león castaño de fiereza dormida, y me preguntó: ¿cómo puedo hacer para que lo que escribo llegue a más personas? ¿Vale la pena? Yo le contesté que un trabajo artístico, poético, literario o de cualquier otra índole que se queda guardado en un cajón es una inmensa energía que se pierde, y que siempre vale la pena tratar de mostrárselo al mundo. Nunca sabemos si eso llegará a muchos, o sólo a un puñado de personas, pero con que una sola de ellas sienta que se le pone la carne de gallina mientras lee, el autor ya ha triunfado.
            El dinero no lo es todo. Ayuda, desde luego, pero no lo es todo. Por eso vuelvo a repetirte, joven poeta, que no te calles, que uses cualquier medio que esté a tu alcance para que a más personas se les erice el vello escuchando tus gemidos rotos. Cuando un poema traspasa el medio en el que se mueve, sea el papel, la pantalla del ordenador, o el aire entre tú y nosotros, y hace sentir, ya es mucho más que un poema. Es una realidad. Y sí, claro que sí, vale la pena. No dudes de ti, y publica. El camino es difícil y está lleno de obstáculos, pero siempre es mejor intentarlo que dejar morir lo que llevamos dentro.
            Me gustaría que pudiérais conocer a Iván, el poeta, el músico, el joven inquieto de vida interior bullente e intensa. Y ninguna manera mejor de conocerle que a través de sus poemas. Tal vez sus versos den a algunas almas dormidas la oportunidad de despertar por fin.

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