jueves, 8 de diciembre de 2011

ROMANTICISMO DE USAR Y TIRAR

            Comentando el otro día en una cena con amigos, hablábamos de lo malísimamente mal que está el mundo de los matrimonios. Eso de casarse para toda la vida por lo visto ya no se lleva, y los que aún mantenemos esa intención somos vistos como dinosaurios casi extintos, carcas, trasnochados, antiguos. Yo fui al baño en ese momento, me miré al espejo y vi la misma mujer de siempre, con algunos años más, algunas arrugas más, algunas canas más, pero no me dio la impresión de estar evolucionando hacia el braquiosaurio, ni hacia el diplodocus. Luego miré a mi costillo y sigue teniendo la misma cara de buenazo que siempre, ni rastro de tiranosaurio rex ni de velocirraptor o pterodáctilo. Y sus ojos azules, tan bonitos y enamorados como siempre.
            Cuando vas a una boda siempre esperas que los que se casan sean felices. Lo que no te esperas es que a la vuelta del viaje de novios (me ha pasado) o al mes (también me ha pasado) ya se separen. En esos casos te dan ganas de llamarles y exigirles que te devuelvan el regalo de boda; yo empezaría a obligar a los que contraen matrimonio y te invitan a que contraten un seguro para que se haga cargo de indemnizar a los invitados en caso de divorcio durante el primer año. Lo digo porque hace un mes te gastaste trescientos euros como trescientos soles para ayudar a fundar una familia, y cuando se disiparon los vapores del champán resulta que lo único que hiciste fue pagarte una comilona en la que no elegiste el menú y que te echó a perder la dieta, padeciste un vestido incómodo y unos tacones asesinos durante varias horas, y les subvencionaste parte de ese crucero por todo lo alto recorriendo el Caribe (crucero que siempre quisiste hacer y no has podido permitirte) y parte de una enorme televisión de plasma (que tú no te compras porque es carísima, y que ahora uno de los dos la disfrutará tras el divorcio mientras tú sigues sacándole rendimiento a tu vieja Grundig y a su arcaico tubo de imagen).  Cuando te enteras de que después del gasto se han separado, se te queda una considerable cara de imbécil. Y cuando gruñes, siempre hay alguien que te dice: “no te quejes, que peor estarán ellos. Que eso de divorciarse no es plato de gusto”. Vale, de acuerdo. Pero digo yo que no será lo mismo después de quince años que después de quince días.
            Yo tengo mi propia teoría acerca de esto de las separaciones exprés: es el efecto contagio de esta sociedad de usar y tirar en la que vivimos. Ahora todo es desechable. Echad un vistazo por casa y veréis: ya no se lavan pañales, se tiran. Cuando viene mucha gente a casa ponemos platos y vasos de cartón y cubiertos de plástico, y cuando se acaba la fiesta, hale, todo al contenedor. Las bolsas de congelar alimentos, igual. Las servilletas son de papel, un solo uso. Los culillos infantiles se limpian con toallitas en lugar de con esponja, agua y jabón, como toda la vida. La mopa la pasamos con una gamucilla de papel que también va al cubo de la basura. Hasta la canción del verano es de usar y tirar. Una pena.
            En consonancia con todo esto, imaginad esa escena romántica en que la dama misteriosa deja caer su pañuelo bordado al suelo para que el galán lo recoja cortés y se inicie así una conversación. ¿Qué mujer (quitando a mi abuela) lleva hoy en día pañuelo de tela? ¿Imagináis la misma escena dejando caer al suelo un moquero de papel? El galán lo apartará con el pie y carita de asco, y pensará “mira la gorrina esta, como si no existiesen las papeleras”. ¿Dónde está el romanticismo? Pues ahí. En la papelera. El diálogo de los abanicos queda ya enterrado: imposible de mantener con esos palmitos de los chinos, que necesitas las dos manos y una pasmosa habilidad para abrirlos y cerrarlos dos veces sin que se descuajaringuen vivos. Así no se puede. Ya no hay conversaciones a media luz, nos piden salir por el Facebook, nos abandonan con un lacónico sms que si te descuidas ni siquiera entiendes, ( t djo xq la Vane sta + wena ke tu), y ya ni siquiera deseamos bailar para arrimarnos un poquito, porque a menudo primero se produce el “arrimamiento” y luego las presentaciones. Se ha perdido el concepto de “nuestra canción” (mira, amor, están tocando nuestra canción. Abrázame como cuando bailábamos en Pasapoga los domingos) porque los éxitos de ahora suenan todos igual y duran en la memoria lo que una gominola en una fiesta infantil. Por supuesto, imposible pensar en una carta de amor escrita a mano en la que expresemos nuestros sentimientos hacia el otro. Volved a imaginar: el enamorado recibe una carta doblada con mimo en la que su dama le confiesa que lo adora. El papel huele a jazmín porque ella le ha puesto unas gotas de su perfume, y ha estampado un beso de carmín como firma. Él lo lee, acaricia los trazos con sus dedos imaginando que son los cabellos de ella, huele el papel y se embriaga con su aroma, y por último besa sobre la huella de sus labios imaginando que la tiene entre los brazos y alcanza su ansiada boca por primera vez. Ahora cambiad esa escena y poned un e-mail en lugar de la carta. ¿A que no? Pues eso.
 En estas condiciones, entiendo que es más que difícil que una relación cuaje como está mandado, estamos demasiado acostumbrados a tirar directamente a la basura lo que está usado o no funciona bien, porque vale más caro arreglarlo que comprar uno nuevo, como si el matrimonio fuera un reproductor de DVD o una nevera. Hoy en día todo es de usar y tirar. Hasta el romanticismo.
Tal y como están las cosas, creo que a partir de ahora voy a celebrar cada uno de mis aniversarios de boda con una fiesta por todo lo alto. Y seguiré escribiendo cartas de amor, porque así forjamos la relación que tenemos, con cientos de cartas que cruzaban más de media España del Norte al Levante y viceversa, cartas con perfume, con besos, con piropos, con poemas, con canciones, con sinceridad. Con todas las letras y con todas nuestras esperanzas. Unas cartas, las suyas y las mías, que no tiraré jamás.
La crisis que nos aqueja no reside sólo en nuestros bolsillos. Algo pasa cuando hasta el amor tiene fecha de caducidad. O a lo mejor es que de verdad me estoy convirtiendo en una dinosauria. No sé, aún no me he encontrado escamas verdes…

2 comentarios:

  1. Hola guapa, como estas ¡
    Mi teoria va muy ligada a la tuya, y creo que hay mucho tema para el debate. Hablo del cortoplacismo que vivimos con todo lo que nos rodea. Pienso que es un daño coolateral de esta sociedad que nos obliga a ejecutar los aspectos de nuestra vida cada vez mas rápidos.
    ¿Que fueron de aquellos frigorificos Kelvinator que duraban cuarenta años? hoy en dia, como los matrimonios duran "dos telediarios" para ello se crearon los sistemas de calidad, hay que usar y tirar, menudo fraude para el consumidor y para el que se casa...jejejeee. Lo mismo pasa con la ropa, la comida del super, las piezas del motor de un coche, etc...
    Con ello aparte de que generamos una cantidad ingente de basura material, sin saberlo también tiramos lo que mas vale, que son los valores con los que deberiamos mover el eje y el motor de nuestra vida. Me refiero a buscar una profundidad de sentimientos, que de una buena base a la familia u hogar donde queramos estar, es la mejor inversión que podemos hacer de por vida.
    Tirando todo esto a la basura y aprendiendo que el materialismo y el dinero a corto plazo es lo que hace girar al mundo no creo que vayamos a ver ni de lejos otros aspectos con mayor profundidad.
    Nos han enseñado a usar y tirar ¿para que voy a reparar, si me cuesta mas que uno nuevo?
    Allá donde vas, los niveles de exigencia por la rapidez del proceso cada vez son mayores " Lo quiero para ayer" - Esta me suena mucho.
    Cada vez gira todo mas en el entorno a lo economico.
    Las empresas tienen contratos por horas/dias y rara vez por meses. Los puestos de trabajo cada vez se han de concentrar mas en una unica persona, asi eliminamos sueldos y la empresa gana mas dinero, a corto plazo claro, porque ese personal se quema en uno o dos años y al no aguantar el super-ritmo que exsige la empresa por defecto caé su producción y es despedido. En fin, creo que podría tirarme horas exponiendo casos similares como los de referecia ya que la sociedad muestra casos claros todos los días y muchos mas que si te paras a pensar, tambien estan en estado latente, que por ello no son menos malos.
    Vivimos a una velocidad vertiginosa, haciendo caso de como tenemos que vivir nuestra vida, dejandonos llevar por las tendencias de la moda para decorar nuestra casa, como vestirnos y no como nos gustaría realmente que fuera -Eso está fuera de moda, y lo mismo pasa con el resto. Están consiguiendo que se pierda el criterio por el verdadero pensamiento. Ahora que se acercan las navidades pienso que también se han convertido en un desproposito de compras desenfrenadas y sin sentido que te llevan casi todo el tiempo de tu tiempo libre en ello. ¿como vamos a enseñarles a nuestros hijos el valor y el amor en familia? si todo nuestro tiempo lo tenemos que emplear en comprar todos los juguetes y regalos que nos dice la tele que tenemos que comprar.
    Yo,como tú, también me miro al espejo y veo un dinosaurio al que le gusta cultivar sentimientos que ni se compran con dinero ni se encuentran en centros comerciales.
    Un besote Susana.

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    1. Releo hoy tu respuesta a esta entrada antigua, y espero que sigas pensando igual, seas quien seas, estés donde estés. No sé si en su día te di las gracias por tu mensaje. Si no lo hice, aunque tarde, lo hago ahora. Me encanta ver respuestas como esta, hacen que me sienta comprendida por mis lectores. Un abrazo, Edu.

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