domingo, 8 de enero de 2012

ARROZ AL HORNO

            Patro se levantó temprano para preparar el arroz. Era el santo de su marido, Jesús, y quería hacerle uno de sus platos favoritos. En su casa había una comida típica para cada fecha especial, y el 2 de Enero siempre preparaba arroz al horno. Para el 15 de Agosto hacía paella, y para la Virgen del Patrocinio, su santo, arroz con col. Si le preguntabas, te podía repasar el calendario de las fiestas familiares de plato en plato.
            Los garbanzos ya los tenía a remojo desde la noche anterior. Los puso a cocer con un trozo de hueso de jamón y un puñado de sal, y mientras tanto troceó las costillas y las longanizas.  Luego peló las patatas y las cortó en rodajas, para después meterlas en agua. A las judías verdes planas les quitó las puntas y los hilos con una puntilla, lavó los tomates, hizo las rodajas bastante gordas para que no se deshicieran en el horno, cortó en tiras los pimientos rojos y comenzó a freír. Primero las patatas, luego las judías verdes, y por último el pimiento. Mientras freía la costilla y las longanizas terminaron de cocerse los garbanzos; casi se quema al abrir la olla, tenía que tener cuidado. Las morcillas las frió enteras para que no se le desarmasen.
            Jesús se levantó de la cama un poco enfadado, no había dormido bien y el cacharrerío en la cocina le había despertado cuando más a gusto estaba. No recordaba que era su santo, y sólo se dio cuenta cuando la contestación a su protesta fue un beso. Le puso algo triste ser tan despistado, a la pobre Patro le había echado una regañina cuando lo que estaba haciendo era en honor a él, un plato de fiesta poco frecuente en las casas pobres, tan sabroso y lleno de cosas ricas…
            Patro continuó con su trabajo después de preparar la leche del desayuno de su marido. Puso en el cazuelo de barro cuatro medidas de arroz, la sal y el colorante. Echó encima la carne, y la repartió lo más equilibradamente posible por todo el recipiente. Luego hizo lo mismo con la verdura y los garbanzos. Por último, colocó las rodajas de tomate por toda la circunferencia del cazuelo, y en el medio de ellas, en el centro del cacharro de barro, puso una cabeza de ajos entera. Luego echó en una jarra ocho medidas de agua, se quitó el delantal, se puso los zapatos de salir a la calle, y dándole un beso a Jesús se marchó con su paso pequeño y decidido.
            Por la calle la vieron pasar, con el cazuelo en un brazo y la jarra en la otra mano, pero nadie le preguntó a dónde iba, porque todo el mundo lo sabía: iba a la panadería, a que le cocieran el arroz en el horno de leña. La tía Varilla le comentó a la tía Raspa: “mira, ahí va la Patro, cómo se nota que es el santo del Campanero”. Y Patro continuó su camino sin hacer caso.
            A las dos menos cuarto, con la mesa ya puesta y vestida de domingo, Patro volvió al horno para recoger el cazuelo. Arroz al horno, también conocido como “arroz paseado”, porque va y viene por la calle de casa a la panadería y de la panadería a casa, una muestra más de amor por Jesús, el padre de sus hijos, su pareja desde la más tierna adolescencia.
            Patro ya no hace arroz al horno para Jesús, porque él ya emprendió el viaje que todos hemos de hacer algún día. Ahora lo prepara para sus nietas, pero ya no lo pasea, porque tiene horno en casa. Es un plato delicioso, y sigue quedándole buenísimo, aunque no tiene el mismo sabor que entonces, y no porque los ingredientes no sean los mismos, sino porque ya no está él para compartirlo con nosotros. Te echamos de menos, tío Jesús. Mucho.

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