viernes, 20 de enero de 2012

LA IMPORTANCIA DE LA MÚSICA

            La música es una cosa maravillosa. No hay nada que se le pueda comparar. Tiene capacidades y virtudes para dar y vender, y se han hecho ya más estudios al respecto que pelos tengo yo en la cabeza. Lo malo es que los estudios que se han hecho son unos para bien y otros para mal. Me explico: la mayoría están orientados a beneficiarnos, pero hay otros que se han usado para lo contrario.
            De todos es sabido que la música prenatal ayuda al desarrollo físico y cerebral de nuestros proyectos de niños. Desde que salió ese estudio (que ya ha llovido), todas las futuras mamás gorditas y rellenas se han colocado cascos en la tripa para que los tiernos oídos de los fetillos se empapasen de barroco, Bach y Mozart, y favorecer así la creación de conexiones neuronales a velocidad supersónica. También es de todos conocido el efecto beneficioso para la relajación de la música adecuada: suavecita, chill out o amortiguada como si hubiéramos regresado a nuestra etapa fetal, esa en la que nos sentíamos protegidos y despreocupados, y en la que nos limitábamos a chuparnos el dedo y disfrutar de la vida acuática bien calentitos. La idea es que nos sintamos como cuando no sabíamos lo que eran mercados, hipotecas, crisis y primas de riesgo.
            Sin embargo, hay otros tipos de música que han sido creados para manipularnos, utilizarnos o simplemente sacarnos de quicio. Ahí está la madre del cordero. Hace ya unos años leí que en los centros comerciales tienen estudiado el fondo musical que ponen para inducirte a comprar más. Las canciones animadas te las colocan por la mañana, cuando más carga de energía tienes. Las salseras a mediodía, para que te entre el hambre y compres más comida de la que necesitas. Las relajadas van por la tarde, para que te tomes tu tiempo y mires más, y entres a curiosear en los pasillos donde están las cosas que no te ibas a llevar, a ver si picas. Y el chunda-chunda machacón te lo ponen por la noche, para que hagas la compra corriendo y sin mirar los precios antes de que cierren. Lo tienen todo previsto, ahí calculan hasta la cantidad de serotonina, dopamina, adrenalina, endorfinas y un montón más de –inas que el cuerpo humano segrega a lo largo del día. Sólo se trata de ponerle a cada fase la musiquita adecuada, y ¡hale! A llenar carros. En los comercios de ropa moderna te colocan música frenética a volumen inhumano para que te trastornes y compres a saco, y si no, comprobadlo. Entrad en un comercio de prendas juveniles en rebajas, que lo vais a flipar. Yo no lo resisto, me vuelvo tarumba, y sin embargo mi vástaga preadolescente bailotea entre las perchas mientras mira y remira, y con semejante animación toda la ropa le parece chulísima de la muerte.
            Este tema de la inducción al gasto a través de la música lo tenemos presente en muchos ámbitos. El más claro, el de los anuncios en televisión. Uno de los factores más importantes en ellos es la musiquita, y si os fijáis, las más atractivas, pegadizas y machaconas son las de los anuncios de juguetes, chucherías, bollos y refrescos, porque los niños y los jóvenes son los más fácilmente manipulables con esos trucos. Aunque los adultos no nos quedamos atrás, porque está más que demostrado que la gran baza de las máquinas tragaperras es la música combinada con las lucecitas, que llega a ser tan efectiva como para inducirte a que eches y eches monedas sin parar en ese pozo sin fondo, y tus neuronas se atrofien de tal modo que no seas capaz de echar cuentas (porque entonces te darías cuenta de que te están timando a manos llenas, y se les jorobaría el negocio). Para que veáis hasta qué punto la música es importante.
            Hoy me ha sorprendido un nuevo estudio al respecto, y es el de lo que escuchamos cuando conducimos. Resulta que los conductores que escuchan música moderna (pop, rock and roll) corren más. Resulta también que los que se ponen al volante con música suave y melódica están más atentos a las señales y pisan menos el acelerador. Y para terminar, demuestran que los conductores más agresivos, los que más protestan, pitan, dan frenazos y arrancones, y son más proclives a las discusiones violentas de tráfico y a los insultos, son los que van escuchando hip-hop. Toma ya.
            Voy a proponer a la DGT que me den una bonificación de puntos al carnet por ir escuchando siempre la música más indicada por ese estudio. A ver si prospera mi iniciativa, y entre todos hacemos a los Sabandeños y a Sergio Dalma superventas, y de paso bajan los accidentes en carretera, que siguen siendo demasiados.

1 comentario:

  1. Los misterios del marketing, eh?
    Una gran reflexión y una pena lo que se hace con algo tan hermoso como es la música.
    Un beso

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