miércoles, 4 de enero de 2012

MUÑECAS

            Tengo que reconocer que los diseñadores de muñecas hoy en día consiguen ponerme de los nervios. Antes soñábamos con tener muñecas dulces y bonitas, a las que pudiéramos peinar, vestir, y ensayar con ellas lo que queríamos ser de mayores. Yo recuerdo con mucho cariño a mi Nenuco, que fue mi hermano pequeño a falta de uno de verdad (conmigo mi madre cerró el grifo y dijo que ni uno más, Santo Tomás), mis Barriguitas, que eran pequeños, rizosos y tripolines como yo, y la Nancy, mi ideal de mujer moderna, con sus vestidos de azafata, de enfermera y de princesa, su armario blanco y azul y su aspecto de no haber roto un plato. Eran otros tiempos.
            Estos días en que todos los padres andamos afanados buscando los regalos que nuestros retoños desean-más-que-nada-en-el-mundo para dejárselos caer el día de Reyes, miro las estanterías de las tiendas y me entran ganas de llorar. Quitando a los clásicos bebés (antes con sillita, ahora con maxi-cosi, antes con una cuchara, un platito y un biberón y a hora con un millón y medio de complementos y trastos varios), lo que más se lleva, lo que desean las niñas del 2012 son… las muñecas muertas.
            Las muñecas muertas son una serie de figuras, a cuál más difunta y rara, vestidas de colegialas sexys. No, no os riáis, que estoy hablando en serio. Son el no va más, sobre todo porque han desaparecido de las estanterías de las tiendas en cuestión de horas, han hecho furor.  Por lo que me han contado mis vástagas, se debe tratar de las hijas de los monstruos de toda la vida, pero en moderno. Yo no he visto más que una, la que quedaba en la sexta tienda que recorrí buscándolas, porque en todos lados estaban agotadas. Después de tirarle del pelo a dos señoras y dejar en el suelo un billete de cinco euros para distraer al resto de aspirantes a llevársela, conseguí hacerme con la última. Me tuvo que sacar de la juguetería un guardia de seguridad, porque me la querían arrebatar, pero no pudieron conmigo: la pagué y me fui corriendo al coche sin siquiera mirarla. Y cuando la vi… cuando la vi… bueno, casi me da un pasmo. ¡Estaba muerta! ¡Es una muñeca-espectro-fantasma! Pálida como una muerta (obvio), con los labios morados (le debió dar un paro cardiaco), las manos transparentes (de estar ya convirtiéndose en un ectoplasma flotante y fantasmagórico), y un aspecto casi tan desmejorado como el mío, que casi me mato por conseguir comprar… ¡eso!
            Mi costillo, que para todo tiene más paciencia que el Santo Job, aún visitó un par de almacenes más para comprar algún complemento de la misma línea (tienen un merchandising tan completo o más que el de la boda de los príncipes ingleses), porque mi gordita pequeña había pedido el catálogo entero de las mónster-muertas, y consiguió traer a casa un cojín musical (una gran calavera con un lazo rosa en la zona fronto-parietal) y un cofre-joyero en forma… de ataúd. Literalmente, para morirse.
            Después del soponcio inicial, se me ocurre que voy a envolver todo eso en papel negro, y en lugar de lazo paquetero pondré cinta de corona funeraria (ya estoy llamando a mi amiga Pili, la florista, para que me guarde unos metros en los que ponga “tu familia no te olvida… ni el día de Reyes”). Y nada de colocar los regalos bajo el árbol, habrá que ponerlos sobre la mesa del comedor, con cuatro velones, uno en cada esquina.
De este año no pasa: le voy a decir lo de que los Reyes son los padres. Así, de aquí en adelante, si quiere una muñeca muerta, o un zombie maloliente, o cualquier cosa que esté de moda el año que viene, que se lo compre ella. Me niego a hacer el primo de nuevo en el 2013.

1 comentario:

  1. me gustaría ver gráficas de esta muñeca, no la conozco

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