domingo, 29 de enero de 2012

RETRATO EN PALABRAS DE UNA MUJER ESPECIAL

            Anjana, la retratista en palabras que ya ha dejado aquí algunos de sus trabajos, pasó ayer por la playa de la Malvarrosa, el lugar en el que yo la conocí. Con su melena de rizos suelta y su eterno aspecto bohemio, me tuvo un rato entretenida contándome algunos de sus últimos viajes. En uno que hizo a Madrid encontró a una mujer muy especial, y tanto le ha marcado su personalidad que no ha podido resistirse a plasmarla en uno de sus retratos literarios. Me lo ha dado para que lo difunda, por si alguien la conoce y se lo hace llegar. Espero que así sea, seguramente le gustará conocer la visión que los demás tienen de ella.
            “La bella Helena de Troya, de hermosura legendaria, provocó con sus indecisiones amorosas una guerra, y con este dudoso honor entró en la Historia. Sin embargo, la mujer que hoy he conocido sólo comparte con la troyana cinco letras. Con la “H”, letra falsa donde las haya porque no suena y traiciona la ortografía de quienes no la conocen bien, Elena perdió también el rasgo de la indecisión. No he conocido a nadie con un carácter como el suyo. La constancia de los Leo se manifiesta en ella con todas sus consecuencias; es de las que se ponen un objetivo delante y caminan hacia él sin detenerse. Da igual que tropiece; vuelve a levantarse y sigue andando hacia su meta. Cuando se propuso cambiar la obesidad por la salud, ya sabía que era difícil, pero eso no la desanimó. Y cuando encontró el camino para lograrlo, se dio cuenta de que su ayuda y su ejemplo podían ser determinantes para otros. Decidió apoyar a cuantas personas se lo pidieron, hombres y mujeres con un carácter menos perseverante que el suyo y que necesitaban de una muleta para recorrer ese camino en el que ella llevaba ya la delantera. Y se prestó a ello con todas sus fuerzas. Es un peso, el de tirar de los demás, que a ella no le supone esfuerzo, al revés, hace que se sienta más ligera. No pierde la sonrisa cuando mira a los otros, y sus ojos sinceros siempre dicen: “Cuéntamelo, yo te ayudo”.
            Vivir la infancia con muchos hermanos agranda el corazón y pulveriza el egoísmo, y Elena lo sabe bien. Se comparte la cama, la ropa, los juegos, el cuarto de baño, el cepillo del pelo, el amor de los padres… se aprende a ser generoso, y después uno ya no puede dejar de serlo nunca. Esto hace que, en ocasiones, a las personas así se las tome por lo que no son, y siempre hay quien trata de aprovecharse, ya sea en el terreno laboral o en el afectivo, o en los dos a un tiempo. Y por esa razón una persona valiosa e inteligente como Elena se ha unido a la tendencia de moda en el país, que no es otra que estar en el paro. Pero su optimismo ha sabido encontrar el lado bueno de eso, porque así tiene tiempo de cultivar dos de sus grandes aficiones: la cocina y el uso y disfrute de sus muchos sobrinos, que la quieren como tía, amiga, consejera, canguro y maestra. Aunque ellos no lo sepan, son tan felices a su lado porque han tenido la suerte de tener como tía a una persona tan buena como completa.
            Todas las personas tenemos un punto débil. A las rocas más duras, a veces, les pasa que por alguna grieta se les cuela el agua de lluvia. Luego llega una helada, y ese agua aumenta de volumen al congelarse y parte la roca en dos. Elena está llorando porque la muerte se ha llevado a alguien a quien amaba mucho. Y es que perder a uno de nuestros compañeros de juegos, a quien recordamos junto a nosotros desde el principio de nuestra existencia, ese hermano mayor que nos llevó tantas veces de la mano, es como perder un brazo. Cuando el niño, el muchacho, y luego el hombre que nos ayudó a partir la carne cuando aún el cuchillo se nos resistía, nos echó una mano para remediar los efectos de nuestras travesuras, nos aconsejó con nuestros primeros amores adolescentes y creció a nuestro lado, cuando ese que siempre creímos que estaría toda la vida con nosotros de pronto desaparece, cuando la ley natural se incumple y no es un anciano el que muere sino tu igual, sientes como si tú también murieses un poco. Nunca es justo, siempre es demasiado pronto. Ese dolor indescriptible, esas lágrimas que se le han colado dentro son las que amenazan con congelarse y partir a Elena en dos como si fuera una roca. La mujer constante, cariñosa y soñadora, la muleta en la que tantos se apoyan, cree que se está quedando sin fuerzas. Pero hay un poder que aún no ha alcanzado a ver, y que la rodea aunque ella no lo sepa. Yo lo he visto a su alrededor y sé que es lo que hará que la leona renazca y sonría con toda su fuerza: el amor y la admiración de las personas a las que ayuda todos los días. Cuando a ella le quedaban pocas palabras de aliento, las empleó para animar a los demás y no guardó ninguna para sí misma, tanto que casi estuvo al borde de perder toda esperanza. Pero esas palabras fueron semillas que prendieron en otras almas, y algunas de ellas son las que ahora van a abrigarla, a darle todo el calor necesario para que el agua de su llanto no se congele y rompa ese corazón tan generoso. Y entonces Elena pondrá en marcha su Thermomix para inventar nuevos platos, y quizá incluso se atreva con esa empresa de cátering sano que lleva tanto tiempo queriendo montar. Ya no será, como siempre en el colegio, la última de la lista por el maldito orden alfabético que siempre deja detrás a los apellidos que empiezan por V, X, Y y Z: será Elena, la Ele-o-na peleona de coche negro y corazón dorado, la primera en la lista de amigos de mucha gente.
            Hace tiempo vi un mosaico que representaba a la hermosa Helena de Troya. Era muy antiguo, y le faltaban algunas piezas. Al principio sólo podía ver los agujeritos negros de las teselas perdidas, pero al cabo de un rato mis ojos se acostumbraron y alcancé a disfrutar de la belleza del conjunto. A pesar de los vacíos, el mosaico seguía siendo tan bonito como cuando fue hecho. Me pareció una metáfora perfecta de la vida. Espero que lo entiendas, Elena, y que mires a tu alrededor y veas que, aún en la distancia, hay tantas personas que te quieren tanto que te va a resultar imposible no sonreír”.
            Desde todas partes y desde ninguna, Anjana, la retratista en palabras. Enero de 2012.

4 comentarios:

  1. Dios mío Su, me has hecho llorar. Millones de gracias, seguro que mi niña también te lo agradece, voy a enseñárselo ya.

    ResponderEliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  3. Mil gracias, no tengo palabras para agradecerlo, de corazon gracias

    ResponderEliminar
  4. Gracias, por este cuento, aunque sea para Elena, me siento partícipe de ellas....gracias

    ResponderEliminar