martes, 14 de febrero de 2012

CARTA DE AMOR

            Querida mía:
            Hoy es San Valentín, el día de los enamorados, y como soy joven y no tengo demasiada experiencia en estas cosas, he decidido escribirte una carta de amor para decirte en ella todo lo que siento por ti.
            Mi primera intención fue la de coger esa guitarra que hay en un rincón de tu habitación, sacarla de su funda y componer para ti la canción de amor más bonita que nadie hubiera escrito jamás, pero me fue imposible. No sé tocar, ni cantar, ni hacer versos. Sólo sé que te quiero. Además, he escuchado algunas canciones de amor y no me han gustado, porque ninguna expresa de manera exacta lo que yo siento, así que no me sirven de referencia. Nuestro amor es distinto a ese que se canta en los boleros que tú pones en casa.
            Desde el instante en que te vi por primera vez supe que te amaría hasta mi último aliento. Llegaste, me miraste, y tus ojos cambiaron de la incertidumbre a la alegría. Recuerdo tu olor inundándome, la dicha del primer abrazo que te di, mi entusiasmo y tu ternura. Nunca olvidaré aquel momento, porque fue ahí, en esa fracción de segundo, cuando de verdad comenzó mi vida. Recuerdo que tenía tantas ganas de quererte que casi te tiré al suelo, y tú te reías. Me encanta tu risa, es uno de los sonidos más maravillosos del mundo, y hacerte reír es uno de mis pasatiempos favoritos. Todas las payasadas que hago a diario no tienen más objetivo que escuchar tus carcajadas.
            Yo sé que tú no me quieres de la misma manera que yo a ti. Pero no por eso voy a dejar de amarte como lo hago. Me conformo con lo poquito que me das, soy feliz paseando a tu lado, aunque no hablemos porque tú vas escuchando música. Soy feliz contigo cuando te sientas en el sofá y yo apoyo la cabeza en tu regazo para que me acaricies mientras lees o ves la televisión. Y soy feliz colándome en tu cama cuando duermes sola, porque, aunque sé que te enfadas conmigo, puedo disfrutar de verte dormir, acurrucarme contra tu cuerpo y calentarte esos pies que en invierno siempre tienes fríos. Luego te despiertas, me regañas y me obligas a volver a mi cama y a abandonar la tuya, y yo, como siempre, agacho la cabeza y obedezco, pero por dentro estoy contento porque me llevo tu olor conmigo, y eso es mejor que no tener nada.
            Sé que en cierto modo tú también sientes algo cuando me miras, pero ves en mí a un amigo, a alguien que siempre está a tu lado dispuesto a hacer lo que tú quieras. Yo, sin embargo, veo en ti al amor de mi vida, y te amaré y te seré fiel mientras sea capaz de sostenerme en pie. Haría cualquier cosa que me pidieras, hasta morir si fuera necesario, y me alimentaré de cada caricia que tú me quieras dar para no olvidar que quererte, defenderte y cuidarte es mi misión en la vida. Sólo te pido a cambio que me dejes estar cerca de ti para siempre.
            No te podré decir todo esto con palabras, porque no sé hablar en tu idioma; de todos modos, creo que tú lo sabes, que lo ves en mis ojos cuando te miro. Eres mi diosa, y no puedo, ni quiero, ocultarlo, porque estoy orgulloso de adorarte como lo hago.
            Con todo mi amor,
“Pelos”, tu perro.

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