viernes, 23 de marzo de 2012

ADIVINOS

            Calibrando estaba yo los riesgos de emprender una nueva aventura empresarial cuando me sucedió algo que me hizo dudar. No soy excesivamente supersticiosa, pero como siempre dicen, las meigas, haberlas, haylas, y no me pareció un buen augurio el incidente. Resulta que saqué dinero del cajero, y la maquinita me dio un billete de cincuenta que resultó ser más falso que una moneda de tres euros. Me enfadé, fui al banco a reclamar y se lo querían quedar con la excusa de que tienen obligación de retirarlo de la circulación, pero no me querían dar uno bueno a cambio, por mucho que yo juré y perjuré que me lo había escupido el cajero de su sucursal. Al fin tuve que amenazar al de la ventanilla para que me lo devolviera. La única solución para no perder los cincuenta euros era colárselos a alguien. No está bien, pero no están las cosas como para dejarse timar.


            El caso es que, como me dejó mal karma el tema  del billete falso, pensé en consultar con un vidente el éxito de mi futura empresa. Quizá su opinión me dejase más tranquila, y aunque no es el método más ortodoxo del mundo, busqué en el periódico y llamé. “El Doctor Médium” se llamaba, y atendía a domicilio. Se presentó en mi casa esa misma tarde, según él haciendo un esfuerzo por conseguirme un hueco en su apretada agenda. En realidad supongo que no tenía más clientes.


            El Doctor “M” se sentó en mi cocina y me dijo que preparase café. Yo lo hice, mientras le explicaba el motivo de mi consulta, y pensé que usaría las tazas para leer los posos o algo así. La verdad es que no tenía ni idea del método que el adivino pensaba usar para su pseudociencia, en el anuncio no lo ponía, y él tampoco me lo dijo. No llevaba cartas, tarot ni nada. Me tenía un poco escamada. Me pidió unas pastitas o algo para acompañar el café, pero se las zampó sin mirarlas. No observó mi mordisco en ellas (¿muerdomancia?), ni nada de nada.


 Una vez merendado (de gorra) me dijo: “vamos a empezar. Coja usted una taza limpia”. ¿Una taza limpia? Vaya método de adivinación más novedoso, pensé yo. “Ahora haga con ella lo que quiera”. ¿…? A esas alturas yo ya tenía detrás de la oreja una mosca tamaño rinoceronte africano, pero bueno. ¿Qué podía hacer yo con la taza?


            Me vino a la cabeza un vídeo que había visto en internet de cómo hacer un bizcocho en dos minutos con una taza, y me puse a ello. No había probado aún a poner en práctica esa receta, y como era fácil y lo tenía todo a mano, decidí sorprender al adivino. Pensé que cuanto más original fuera el uso de la taza, mejor sería el resultado de la adivinación. Un huevo, dos cucharadas de leche, dos de aceite, dos de azúcar, dos de harina, dos de cacao en polvo, pizca de levadura de sobre, meneo enérgico, dos minutos de microondas, y listo. Lo malo vino cuando abrí el horno. El resultado no era “exactamente” el que se veía en el vídeo.


            El adivino me ordenó salir de la cocina para realizar su tarea. Dos minutos necesitó para ello, exactamente lo mismo que tardé en hacer el bizcocho. Luego salió ceremoniosamente, me dio un papel en un sobre con su dictamen sobre mi futura empresa, y la nota con lo que le debía. Me quedé de piedra. “Desplazamiento: veinticinco euros. Mano de obra: veinticinco euros. Total: cincuenta euros”. Y apostilló: “Y el IVA no se lo cobro”. No había visto en mi vida cosa igual. Vamos, que ese tío tenía de adivino tanto como yo, y hacía las facturas como si fuera el técnico del lavaplatos.


            Le largué el billete falso. Se lo merecía. Cuando entré en la cocina, se había comido también el bizcocho de la taza, rebañando incluso el plato del microondas. Y su diagnóstico empresarial… bueno, os pongo la foto de cómo quedó el bizcocho y lo entenderéis. En aquel papel ponía: “ESTÁ USTED QUE SE SALE. SU EMPRESA PUEDE FUNCIONAR, LA IDEA ES SUSTANCIOSA, AUNQUE AL PRINCIPIO SE LE DESBORDE UN POCO”.



            Francamente, después de esto tengo claro que jamás volveré a consultar nada con ningún adivino. Prefiero guiarme por mi instinto.

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