jueves, 1 de marzo de 2012

EL CIRCO

            Malú nunca había ido al circo. Alguna vez se le había pasado por la cabeza el hacerlo, pero su padre bromeaba y le decía: “quien quiera vernos, que venga a casa”, como en el chiste. Pero el caso es que en el fondo seguía sintiendo curiosidad e ilusión por ver ese mundo diferente bajo una carpa, en el que convivían personas de tantos lugares distintos  y que podían hacer cosas tan sorprendentes.


            Se hizo mayor, y un día, mientras miraba la televisión, vio un anuncio: “GRAN CIRCO BUSCA ARTISTAS. VEN Y ENSÉÑANOS LO QUE SABES HACER”. Era su oportunidad de conocer por dentro lo que desde niña había provocado su curiosidad, y a falta de nada mejor que hacer, se presentó. La cita era en un hotel de la ciudad. Hablaron con ella y con el resto de los aspirantes, le hicieron una entrevista y un examen. La grabaron con una cámara, ante la que desplegó toda su gracia y desparpajo, y al terminar le dijeron que si resultaba seleccionada la llamarían.


            Un tiempo después recibió la llamada. La habían elegido para pasar un día en el circo, participar en el espectáculo y tal vez, solo tal vez, ganar algo de dinero. Dependía de ella, de su talento, de su ingenio y de su encanto. Malú estaba ilusionadísima, se sentía enormemente afortunada: iba a conocer un montón de gente interesante, a pasar un día diferente, a hacer algo divertido. Y tal vez, solo tal vez, volvería a casa con algo más de dinero en los bolsillos. Parecía fácil, atractivo, genial.


            Cuando llegó, otras personas que habían hecho la misma entrevista que ella y habían sido también seleccionados estaban ya bajo la carpa del circo. Fueron convenientemente vestidos, arreglados, maquillados. Esperaron bastante tiempo, pero al fin llegó su momento, y llenos de ganas de triunfar salieron a la pista central. El espectáculo iba a comenzar. Las luces molestaban un poco, pero todo era cuestión de acostumbrarse al brillo de los focos. Ella y los demás fueron presentados al público, y comenzaron a ejecutar el número que tenían preparado, pero Malú notaba que algo no estaba funcionando bien. No se sentía cómoda. Olía algo raro en el ambiente, pero no era capaz de adivinar lo que era. Miró hacia el jefe de pista, y su sonrisa no le gustó.


            De un rincón, de pronto, salió un tigre. Un rato antes había visto varios en las jaulas de fieras del circo. Atrapó a uno de los que estaban en la pista y se lo llevó. El domador evitó que resultara herido. Los demás trataron de mantener la calma. Una boa constrictor, enorme y blanca, se enroscó de la pierna de otro de ellos, y fue arrastrado fuera de la vista del público. Una persona más salió corriendo ante las fauces de un león. No tenía dientes, pero eso solo lo sabía el jefe de pista, que con su chaqueta roja de galones dorados seguía animando al público. El siguiente en huir despavorido tuvo que vérselas con un enorme cocodrilo, y otro más con un oso medio domesticado. A Malú casi la aplasta un balón gigante, de esos que van con un equilibrista haciendo piruetas dentro. Otro fue enganchado a un globo aerostático y se elevó hasta salir de la carpa. Al final, ante el regocijo del público que había disfrutado enormemente viendo a todos aquellos aspirantes a artistas desaparecer uno a uno, solamente quedó en el centro del gran círculo de arena una persona. Para él fue el premio.


            En el tren de vuelta a casa, Malú pensaba que el circo no era tan bonito ni tan divertido como parecía desde fuera. Allí los leones no tenían dientes, las fieras iban drogadas, nada era de verdad. Su ilusión de niña se rompió como una pompa de jabón. Y, mientras se quitaba el maquillaje que aún le cubría la cara, se dio cuenta de que lo más triste de todo el circo, pero también lo más auténtico y sincero, siempre son los payasos.

3 comentarios:

  1. ohhhh! pobrecita Malú, qué penilla me ha dado.
    voy a seguir leyendo cuentitos....
    gracias!!
    miss.Geishy

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    1. De pobrecita Malu nada... Que aquel día el circo perdió su brillo, pero ella lo descubrió en los ojos de una gran mujer que, escondida bajo sus rizos, le dijo que contaba cuentos y le invitaba a leerlos. Aunque ella prefiere que se los cuenten, aunque tenga que leerlos, nunca imaginó ser la protagonista de una de ellos. :)

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  2. Jo... ¡Tremenda sorpresa la de hoy! Llevo dos días incomunicada y sin apenas salir de casa... No por el circo (jiji)... Pero no imaginas lo que me ha hecho sonreír tu modo de contar las cosas.

    ¡Ya te dije que me chiflan los cuentos! El de Tíscar también es precioso... ¡Me muero de ganas por seguir leyendo! Un abrazo enoooorme!

    malucica@hotmail.com

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