viernes, 9 de marzo de 2012

EL REINO DE BEATRIZ

            El mundo está lleno de pequeños reinos, y hoy he visitado uno que no conocía aún. En él reina una Reina (hay que ver qué redundante es el vocabulario en esto de la realeza) de pelo naranja. En lugar de manto de armiño lleva una bata de cuadros, y en vez de corona lleva un pequeño pendiente en la nariz. Y siendo monarca solamente podría llamarse como una reina: su nombre es Beatriz.


            Hoy, como os iba diciendo, he visitado el reino de Beatriz, y juntas lo hemos recorrido. Me ha enseñado su palacio de cabo a rabo, siempre escoltada por un número variable de sus súbditos, curiosamente vestidos con batas de cuadros, en consonancia con su reina. El salón de los tronos, las cocinas, el comedor, los jardines, dormitorios… De vez en cuando, la reina Beatriz sacaba un pañuelo de papel de su real bolsillo y limpiaba los mocos a alguno de sus leales escoltas, que siempre está acatarrado. Ellos, los componentes de su séquito, estaban en continua actividad, sacando y guardando juguetes de distintos baúles. Los jardines, llenos de sol, también estaban llenos de columpios y toboganes de plástico, y algunos triciclos rojos esperaban en un rincón a sus pilotos. En unos minutos, la campana anunció la hora del patio, y todos aquellos niños de bata a cuadros salieron corriendo al patio, alfombrado de césped artificial verde, a disfrutar de un rato de juegos. Ya no hace falta que os dé más pistas: el reino de la Reina Beatriz es una guardería.


            Charlamos un rato mientras visitábamos las instalaciones; la cocina con todo lo necesario para los pequeños, las tronas dispuestas, los baberos, el baño de los más mayorcitos, con sus diminutas tazas y lavabos, y orinales de colores chillones para los que aún están aprendiendo a controlar eso que parece tan fácil pero que a ellos les resulta tan complicado (y que es tan desesperante para las mamás). Vi los rincones que Beatriz ha preparado para las distintas actividades: el rincón de leer, el rincón de pensar, el de los puzles, el de la vida… Me fijé en este último, y me llamó la atención. “Aquí juegan todos a todo. Todos pueden mirar los cuentos, todos pueden hacer rompecabezas, y todos participan en el rincón de la vida”. Miré ese espacio con detenimiento. En él había una cocinita, un mercado, varios muñecos, un carrito de bebé, uno de hacer la compra, un ordenador de juguete y una caja de herramientas. “Muchas veces le pido a las niñas que arreglen algún camión del patio mientras le digo a los niños que hagan la comida y cambien los pañales o vistan a los muñecos. Otras veces son ellos los que manejan el ordenador mientras ellas compran o atienden la tienda. Les explico que todos tenemos que poder hacer cada una de las tareas de la vida, porque todos comemos, todos necesitamos ropa limpia, todos tenemos que trabajar y que comprar lo que nos hace falta, y no debemos presuponer que va a venir nadie a hacer esas cosas por nosotros. Y ellos juegan a todo y lo aceptan encantados. Ahora solo falta que todo esto se lo refuercen en casa, y no solo con palabras. Lo tienen que ver. Tienen que ver que mamá trabaja y papá también, y que después los dos limpian y compran, los dos planchan y bañan a los niños. Si uno de los dos no tiene trabajo, trabaja en casa y comparten lo que gana el que sí tiene sueldo, pero igual si es el papá como si es la mamá. No vale eso de que ella vuelva del tajo y tenga que ponerse a limpiar. Si uno se sienta a ver la tele mientras el otro atiende la casa, el niño, que no es tonto, siempre intentará hacer lo mismo, y mi trabajo no servirá de nada”.   


            Hoy he conocido el reino de la Reina Beatriz y me ha sorprendido ver lo que cuesta a veces nadar a contracorriente como ella lo hace. Ojalá todos esos niños se acuerden siempre de lo que ella ha tratado de enseñarles. Así la generación que viene será un poco más justa.

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