martes, 15 de mayo de 2012

HIGUERAS JUNTO AL MURO



         Junto al muro trasero de la escuela del pueblo, en un solar abandonado y sin utilidad, crecen dos higueras. Las veo a diario porque suelo sacar al perro por allí, ni es lugar de paso ni tampoco de paseo, así que allí no molesto a nadie.


            Las dos higueras, que en invierno dan mucha pena con sus ramas desnudas y oscuras, por estas fechas son, sin embargo, toda una fiesta. Sus hojas grandes, de un verde intenso, y los primeros higos, pequeños y rayados, hacen de ellas dos árboles atractivos y rebosantes de vida. Pero además, ayer descubrí que tienen una habilidad increíble: sus frutos saben cantar.


            De tantos años viviendo tras el patio de la escuela, donde juegan los niños a diario con sus canciones de saltar a la cuerda o a la goma, y con sus ensayos de bailes y festivales, los higos han aprendido a cantar. Los sorprendí haciéndose coros los unos a los otros en un “el patio de mi casa” encantador, ejecutado a cuatro voces. No pude evitar aplaudir, y al darse cuenta de que yo andaba por allí, callaron para tratar de parecer higos normales, pero yo ya les había descubierto. Le tiré de la lengua al más pequeño, a los niños siempre les cuesta mantener la boca cerrada, así que supuse que con los higos también funcionaría. No me equivoqué.


            El pequeño fruto me contó que se aburren mucho en el árbol mientras crecen y maduran, y el tiempo se les pasa mejor, las tardes son más divertidas, si juegan a cantar. Otra cosa no pueden hacer, sujetos cada uno a su rama. “Nuestra vida es tan corta que mejor nos la pasamos riendo y cantando, ¿no te parece? Sabemos que antes de que acabe el verano hemos de caer y morir, o ser vendimiados. Al menos somos felices el tiempo que tenemos bajo el sol”. La higuera, muda, agitó levemente sus hojas, dándole la razón al pequeño higo verde.


            Les pregunté qué canciones se sabían, por si podía enseñarles alguna de las que utilizo en las clases de jardín musical, y me sorprendieron con su repertorio amplísimo, aprendido a través de la savia de la vieja higuera. “Sabemos algunas muy modernas, aquí viene un grupo de jóvenes a hacer botellón los sábados por la noche, y ponen música en sus coches. Por eso nos hemos aprendido también algunas de Lady Gaga y Beyoncé. Lo malo es que nuestra Prima Donna, una de las brevas, fue víctima de un pájaro goloso ayer y nos hemos quedado sin solista.  Venga, cántanos tú alguna y nosotros te hacemos los coros”.


            Dado que mi inglés es malísimo me arranqué por Mecano. Hasta las tantas estuvimos de juerga. Menos mal que solo nos veía mi perro, y ese no se chiva de nada…

1 comentario:

  1. Oye, para la próxima avisa. menuda juerga. De las que a mi me gustan. Mi repertorio también es amplísimo y me gustan casi todos los estilos. Así que yo me apunto porque soy de la misma opinión que los higos; con lo corta que es la vida, mejor la pasamos cantando.
    Un abrazo y gracias por estas preciosas historias.
    Anabel

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