martes, 8 de mayo de 2012

PREGUNTAS Y RESPUESTAS



            Hay veces que te hacen preguntas, de esas que te asaltan a traición, y las contestas, pero no te quedas satisfecho con tu propia respuesta. Yo no soy, precisamente, de las que tiene todas las contestaciones brillantes en la punta de la lengua, siempre se me ocurren los mejores argumentos horas, o días, después de que me hayan planteado la cuestión. Y se me queda ahí una cosa, como una pequeña insatisfacción, como un “le habría dicho esto, le habría dicho lo otro, y habría quedado como una reina”. Pero en el momento oportuno no me vienen.


            El otro día, durante una conversación trivial en grupo de amigos, uno de ellos me preguntó si podía asegurar fehacientemente que seguía enamorada después de tantos años. Veintiuno, para ser más exactos. Más de la mitad de mi vida. Y le dije que sí, no porque estuviese mi costillo delante, que no estaba, sino porque así es. Lo puso en duda: “es imposible, el amor caduca. Le puedes querer mucho, pero no estar enamorada. Y menos después de tantos años conviviendo, bla, bla, bla”. Mentalmente me hice mi propio mapa de la situación: el chico, divorciado, seguramente piensa que, igual que le ocurrió a él, a todos se nos pasa el amor. “Y, ¿cómo puedes estar tan segura? ¿No será que confundes amor con amistad y cariño? ¿O quizá lo confundes con costumbre?” Empecé a molestarme. Eso de que otra persona afirme saber lo que pienso y lo que siento mejor que yo misma hace que me sienta incómoda y comience a ver a mi interlocutor como un cretino.


            Empecé a argumentar, y al segundo razonamiento corté la conversación y la conduje por otros derroteros, incluyendo en ella al resto del grupo. Después de decirle que me sería imposible imaginar mi día a día sin mi otra mitad, y que seguía admirando sus ojos y su sonrisa cada mañana como cuando éramos jóvenes, me sentí ridícula dando tantas explicaciones y zanjé el tema. Ahí quedó la cosa, no tenía que convencer a nadie de nada, pero me hubiera gustado taparle la boca al descreído del matrimonio y las relaciones de pareja con alguna frase brillante que le hiciera sentir que realmente él es el equivocado.


            La respuesta que no supe dar vino a buscarme el domingo. Estábamos de limpieza general, eran las ocho de la noche, y yo me encontraba en un estado lamentable. Vestida con unas mallas desteñidas y una camiseta vieja y dada de sí por todas partes, salía del baño después de dejarlo que se podían comer sopas en el suelo. La vaporetta me había convertido el pelo en una maraña caracolera, sudaba como una morsa, tenía la ropa salpicada por la lejía que había estado usando, las gafas sucias, los brazos llenos de churretes de haber estado fregando los azulejos… era un desastre de persona, vaya. Estaba deseando que se secara el suelo para poder darme una ducha y ponerme el pijama, me sentía como si viniese de practicar lucha en el barro, más o menos. Tropecé con mi costillo en la cocina, él había estado aspirando las tapicerías del salón y se estaba lavando las manos. Cuando me vio entrar se acercó a mí, me pasó el brazo por la cintura, me besó en el cuello y me susurró “pero qué guapa está mi rizosilla”. Y me miró. Con “esa” mirada. El rubor y las mariposas en el estómago fueron inevitables.


            Eso es lo que debí contestarle al cenutrio que creía saber todo acerca del amor y las relaciones humanas: sí, es posible seguir enamorado después de veinte años. Sí mientras aflore a sus ojos “esa” mirada y a mí me tiemblen las piernas. Sí, definitivamente. Sí.

2 comentarios:

  1. el domingo. Estábamos de limpieza general, eran las ocho de la noche, y yo me encontraba en un estado lamentable. Vestida con unas mallas desteñidas y una camiseta vieja y dada de sí por todas partes, salía del baño después de dejarlo que se podían comer sopas en el suelo. La vaporetta me había convertido el pelo en una maraña caracolera, sudaba como una morsa, tenía la ropa salpicada por la lejía que había estado usando, las gafas sucias, los brazos llenos de churretes de haber estado fregando los azulejos…
    jjajaj me ha encantado la dosis de humor y de habitual a la entrada, yo pienso que uno se vuelve a enamorar todos los dias llevo casado 10 años con tan solo 28. abrazo

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  2. Preciosa historia!!! Sabes que soy una romántica empedernida. Y, naturalmente, estoy de acuerdo contigo en todo. Se puede estar enamorado TODA LA VIDA de la misma persona. De hecho yo también lo estoy y sé que él, también. Y vamos para 11 de casados y 16 juntos en total. Yo también me he encontrado con gente de esta, que no se lo cree. Y sabes lo que pienso cuando me encuentro con alguien así: lo siento tanto por él o ella, porque no va a vivir lo maravilloso que es, despertarse cada mañana al lado de una persona, a la que miras, y hace que sientas que estás en el único sitio donde quieres estar. VIVA EL AMOR PARA TODA LA VIDA, PORQUE SÍ, EXISTE!!!

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