jueves, 24 de mayo de 2012

RETRATO EN PALABRAS: "LA VOZ DE NUESTROS SUEÑOS"



            Mi amiga Anjana, la retratista en palabras de la que ya os he hablado varias veces, ha vuelto a pasar por mi casa. Esta vez me la trajo el viento del sur que sopló sin descanso durante varios días. Me dijo que venía persiguiendo una cometa que se le había escapado volando después de romper su hilo. Por lo visto la había hecho con una tela especial, tejida especialmente para ella por los gusanos de seda de su bosque, y como no quería perderla la ha seguido hasta aquí, para recuperarla antes de que llegase al mar.


            De paso, y como ella no da puntada sin hilo, me ha dejado un nuevo retrato, con la instrucción concreta de publicarlo hoy. Se lo prometí, así que aquí os lo dejo.


            “¿No os ha ocurrido nunca que oís una voz y os parece conocida, pero no lográis identificar de qué os suena? A veces nos pasamos días enteros tratando de recordar dónde la hemos escuchado, pero es un esfuerzo inútil. Yo os voy a decir por qué: porque es la voz que oímos en nuestros sueños. En los más felices, los más bonitos que nuestra mente logra elaborar por las noches, siempre hay música, y a menudo alguien canta. Su voz, como la del aire del mar, viene y va, sube y baja, se cuela por todos los resquicios, llenándolo todo con sus matices. Sabe ser seda y terciopelo, chocolate y tequila con sal y limón; conoce los secretos del sentir y del amar, domina el arte de parecer dicha y llanto sin serlo, de arrancar un suspiro, una lágrima, un escalofrío o una sonrisa. Esa voz es capaz, como la banda sonora de las películas, de hacer que la intensidad de lo que vivimos en nuestros sueños crezca hasta el punto de llegar a grabarse en nuestra memoria como si de verdad hubiese ocurrido. Es la voz que canta el bolero que suena mientras bailamos con aquella persona a la que amamos, es el susurro de la nana que escuchamos mientras soñamos con los hijos que deseamos tener pero aún no nos han sido concedidos, es la salsa alegre que nos contagia cuando el dormir nos lleva de fiesta, la canción melódica que nos llena mientras buceamos entre delfines respirando agua salada sin ninguna dificultad. Lo bonito, lo grande que tienen los sueños es que con ellos vivimos, viajamos, experimentamos, amamos, hacemos cosas que jamás alcanzaríamos en la realidad porque algunas ni siquiera son humanamente posibles, y en esos que son más hermosos y que más huella nos dejan siempre hay una voz cantando, formando parte de la grandeza de soñar bonito.


            Yo, como ser mágico que soy, tengo la oportunidad de ver lo que vosotros no alcanzáis a ver en los demás, y hace poco, por azar, escuché esa voz estando despierta. Las imágenes de muchos de mis sueños, los que tengo mientras duermo entre las hojas secas de mi bosque, allá en el norte, protegida por los robles y los castaños que son mi hogar, volvieron a mi mente de inmediato, y la reconocí. Le puse cara al sonido que tantas veces había escuchado con los ojos cerrados.


            El dueño de esa voz resultó ser un jilguero moreno de pelo ondulado y ojos marrones, una imagen de galán de otro tiempo, con la sonrisa ancha orlada de perilla y bigote. Se tapa con capa blanca cuando canta, sin saber que esa envoltura, en conjunción con el sol que le alumbra y tuesta su piel, podían lograr el prodigio de darle tanta calidez a las notas de su garganta como para hacer de él el cantor de los sueños ajenos. Cuando el Destino vio que este jilguero podía lograr incluso que el Tiempo se detuviese a escucharle, decidió que no podía darle mejor trabajo que ese.


            Ha sido un gran placer conocer a David, el jilguero moreno cuya voz conocía de tanto escucharla dormida, y ver que la magia sigue existiendo entre nosotros aunque no todo el mundo consiga verla. La próxima vez que os despertéis de un sueño hermoso, pensad que de fondo seguramente sonaba una canción, y que esas notas que os envolvieron y os abrazaron mientras soñábais salieron, sin duda, de su garganta.”


            La verdad es que tengo suerte de contar con Anjana para que me cuente estos pequeños secretos. Es mucho más fácil mirar al mundo a través de sus ojos, descubro cosas que intuía, pero que no podía asegurar con certeza. Por cierto, creo que hoy el jilguero cumple años, quizá por eso la insistencia de la retratista en que la historia de este jueves primaveral fuese precisamente esta. Felicidades, David. Y gracias por ser.

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