lunes, 7 de mayo de 2012

TALENTOS OCULTOS



            Con la que está cayendo, y visto lo bien que nos va a todos (que a nadie se le escape el tonillo irónico, que luego me vienen diciendo que si esto, que si lo otro), no me extraña que la gente beba más. Si es que miras alrededor y lo único que te apetece es echarte tres o cuatro güiskises al cuerpo a ver si te cambia la perspectiva. Me enferma ver tanto talento que es sistemáticamente ocultado, anulado, desestimado, desaprovechado, despreciado, y me da una pena inmensa ver a gente que es realmente buena en lo suyo, sea lo que sea, muerta de asco en casa viendo la televisión, cansada de caminar detrás de cada nubecilla que ve en el cielo esperando a ver si llueve y su cosecha puede florecer.


            Vivimos en un país al que Dios, el Destino, los Hados o llamadlo “X” le otorgó una capacidad inmensa para el arte, para la literatura, para la música, grandísimas voces, talento a raudales, potenciales humanos enormemente dotados para la investigación, intuitivos, perseverantes, y en lugar de coger toda esa maravilla y abonar el terreno para que se desarrolle y nos beneficie al resto de la masa a la que la genética no favoreció en la misma medida, quienes manejan este infame cotarro ponen todo su empeño en aborregarlos, en pasar la moto-sierra para que del seto no sobresalga ninguna rama. Se llenan la boca de palabras que la gente quiere oír, y luego aplican la vieja máxima romana (mirad si es vieja que en la época en que leones y cristianos se las veían en la arena ya funcionaba) de “panem et circenses”, pan y circo. Toma fútbol, toma escándalos de bragueta con renombre, toma prensa del corazón, un chusco de pan con aceite de girasol y cierra el pico, Federico.


            Tengo amigos que son increíbles músicos, tocando por amor al arte, para no perder la práctica. Tengo amigos que son cantantes, de esos que te derriten la sensibilidad cuando se ponen a lo suyo, cantando en grupos sin repercusión, en el metro, en orquestillas de verbena veraniega que no dan para vivir decentemente. Tengo amigos que sacaron el doctorado en ingeniería en un país extranjero, comunitario y desarrolladísimo, y que luego tuvieron que repetirlo aquí porque no quisieron convalidarles el título. Tengo amigos que presentan fabulosas novelas de editorial en editorial y de concurso en concurso y nadie les contesta, y tienen que ver, muertos de rabia, cómo Ana Obregón vende libros de sus andanzas de cama y bidé como churros, y las editoriales se la rifan (digo esa como digo la duquesa de Alba y demás personajes del colorín colorado). La gente buena, la gente preparada, la gente que vale, hace cola en las agencias avispadas que gestionan trabajos en países extranjeros con mucho más ojo que el nuestro, léase Alemania, Estados Unidos y otros por el estilo, porque están hartos de hacer cola en las oficinas del INEM. Aquí estamos demasiado ocupados con las correrías erótico-festivas de unos y de otros como para darnos cuenta de que las flores se van corriendo antes de que llegue el jardinero con el cortacésped.


            Como os decía al principio, no me extraña que la gente beba más que antes, porque de lo que uno tiene ganas es de estar inconsciente y flipando todo el día, para no ver lo que tiene alrededor. La lucidez ya no sirve de nada, y si echas cuentas, entre lo que las subidas de impuestos te quitan, la subida de la luz te sopla, la subida de los transportes públicos y la de las gasolinas, la próxima subida del IVA, y el próximo impuesto que se inventarán (algo tipo IAR: impuesto sobre el aire que respiras), no puede uno moverse de casa. Hasta el cartero, figura poética donde las haya, el que traía noticias de familias distantes y amores lejanos, amigos viajeros y aventuras soñadas, ahora solo trae notificaciones de Hacienda, recibos, facturas y mal fario. Vamos,  que lo ves venir por la calle y poco menos que cruzas de acera mientras murmuras “lagarto, lagarto”.


            Me he planteado ya mil veces dejar de escribir, pero a una cuarentona como yo a la que no contrata nadie por vieja, a la que no publica nadie por desconocida, y que se empeña en criar dos hijas llenas de talento para lanzarlas a la emigración o la ruina, no le queda más consuelo que escribir para no verse tirada en el sofá viendo “Sálvame” con un brick de tintorro del Lidl en la mesita de café. Escribo para no ahogarme, para no morir. Y como de momento sigue habiendo libertad de expresión (aunque al paso que vamos este preciado bien también tiene los días contados) y aún puedo decir lo que me dé la gana, voy a permitirme daros un consejo: emplead las urnas y el derecho al voto con más inteligencia la próxima vez.


            Y ahora, si me dispensáis (y si no, me da igual), voy a hacerme un gin-tonic con las últimas migajas del subsidio de desempleo, que, por cierto, ya se me ha acabado. Salud.

1 comentario:

  1. La verdad es que está todo para echarse a llorar, directamente. Por mi parte solo pedirte una cosa, NO DEJES DE ESCRIBIR, no solo para no echarte en brazos del tedio,también porque nos haces falta a muchos, que estamos como tú. Y leerte, ayuda, que si una sonrisa, alguna lagrimilla...pero, nos haces sentir que estamos vivos, que no es poco.
    Con respecto a las urnas, yo, lo lamento, pero ya no creo en la política, y ya no hablo del tema. Si no cambian las cosas, y sale alguien, que me haga volver a creer, yo no votaré más. Creo que TODOS son los mismos perros, con distintos collares, y dudo mucho que a algún político mierdero de estos que ahí hoy por hoy, le preocupemos lo más mínimo, ninguno de nosotros.
    ÁNIMO A TODOS LOS QUE ESTAMOS PARADOS, UNA DE DOS, O ENCONTRAMOS ALGO, O TENDREMOS QUE LIARLA PARDA, PA QUE NOS OIGAN DE UNA PUTA VEZ.

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