sábado, 21 de julio de 2012

ARROCES



            La canción dice: “Valencia es la tierra de las flores, de la luz y del amooooooor”. Yo ya hace años que decidí cambiar un poco la letra de tan conocido pasodoble, y siempre canto “de la luz y del arrooooooooz”. Y es que vivo en el lugar del mundo mundial donde mejores y más sabrosos arroces se cocinan. Bueno, vale, ya sé que el que hace vuestra madre es delicioso, y que vuestra señora esposa tiene para estas lides culinarias una mano izquierda sin parangón, pero admitidlo: como en la comunidad valenciana, en ningún lado.


            No es chovinismo: yo no soy valenciana. Es realidad. Aquí he probado varias docenas de platos con el arroz como ingrediente estrella, a cuál más sabroso. Del senyoret, a banda, empedrado, con costra, con tonterías, con bogavante, arroz con col (sin aceite ni ná, cantan los niños), en verde y con caracoles, “amb féssols i naps”, de cangrejo de albufera, meloso, seco, caldoso, paella valenciana, al horno, arroz con verduras, y si sigo no paro. Una lujuriosa colección de nombres llenos de sabor que hacen agua la boca más exigente. Incluso, las malas lenguas dicen que, cuando a nuestro rey actual le apetece un arroz, lo encargan en un establecimiento del Grao de Castellón y se lo llevan, calentito, en helicóptero a la Zarzuela (voy a morderme la lengua para no decir aquello de “y nosotros se lo pagamos”, que no es cuestión de malmeter).


            A lo largo de los años que llevo en este Levante tan lleno de contradicciones y encantos, he ido inclinando mis gustos porque, pese a que soy “animal de buena boca” y me gusta todo, siempre hay algunas cosas que nos atraen por encima de otras, y esto con los arroces también funciona. Si me dan a elegir, hay dos que voy a donde sea con tal de comerlos. Uno es el “arroz con amigos”. El otro es el “arroz con familia”.


            Para mí, un “arroz con familia” quiere decir mesa grande, varias generaciones alrededor, cucharas de distintas cuberterías adquiridas aquí y allá a lo largo de los años, servilletas de papel y vino con gaseosa. Significa día de fiesta, recuerdos de varias infancias, la propia y las ajenas, protestas ante las salpicaduras de limón, mejillones de lata como aperitivo y muchas risas. Significa ir añadiendo sillas con el paso del tiempo, y también ir con tristeza quitando alguna; enseñar a los nuevos cómo comer del caldero si son forasteros, como lo fui yo un día, e ir adaptando el paladar de los más pequeños al sabor inimitable que le dan las manos de la abuela Patro, o las del tío Pepe, o las de mi madre. “Arroz con familia” significa cumpleaños, fiesta mayor, visita de primos, procesión, calor o día del padre, baile de peonza, pasodoble de verbena y elogios al cocinero o cocinera. Significa reforzar lazos que nunca se romperán.


            “Arroz con amigos” es otra cosa. Es campo o polideportivo, humo de leña en el suelo, insolación, pimientos en salmuera y aceitunas. Significa “no le deis más cerveza al que está guisando, o acabaremos comiendo en el McDonald’s”, chistes, remojones por sorpresa, mesas plegables y vasos de plástico que se caen por culpa del viento. Es pelea por alcanzar el caldero, niños jugando, secuestro de pelota para que no acabe cayendo a freírse con la carne, agua en garrafas y carreras porque olvidamos el azafrán y cierran el supermercado. Significa manos colaborando, proyectos, ideas puestas en común, sombreros de paja y sorteo de cucharas de palo, germen de futuros negocios que nunca se concretan, cotilleos y hermandad. Significa comerse el arroz a las cuatro de la tarde, y que aunque el jurado diga que el grano no está suelto y se ha agarrado al fondo, a todos nos sepa a gloria bendita. “Arroz con amigos” quiere decir “disfruta de lo que tienes y de lo que eres compartiéndolo con todos estos elementos, que no son nada tuyo, pero que hay que ver cuánto les quieres”.


            Hoy ha tocado con amigos. Para la próxima os aviso, lo prometo.

2 comentarios:

  1. Sin duda los amigos son la familia que uno elige, y eso es lo mejor.

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  2. Pero que historia tan chula!!!!! Sabes que dicen mis padres, Manchegos los dos (y por ende yo nacida aquí, pero con sangre Manchega), que el mejor Valenciano, es el parido en otro sitio, porque parece adorar más esta tierra que el autóctono. Tú, creo, cumples a la perfección este requisito.

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