miércoles, 11 de julio de 2012

EL CASADO, CASA QUIERE



            Ayer, el blog de Helen Style me lanzó un reto: “busca una frase que signifique o haya significado algo para ti, ilústrala con alguna foto, o con una historia, pensamiento, o lo que tú quieras, y publica la entrada en tu blog”. Pues me pongo a ello con todo el gusto del mundo. Ahí va.


            “El casado, casa quiere”. Es un refrán muy viejo, pero que en días como hoy cobra un especial brillo, similar al de las gemas valiosas, deseadas por todos pero inalcanzables para la mayoría. Cuando yo era mozalbeta, conocí al dueño de unos ojos azules irresistibles y me enamoré. Hubiéramos querido irnos a vivir juntos, pero dada nuestra juventud y la manera de pensar de nuestras respectivas familias (¿sin casaros antes? ¡Ni hablar!), sumado a que tanto él como yo no hemos sido hijos desafiantes, sino más bien de acatar la autoridad paterna, decidimos casarnos. Cuanto antes. Casi con lo puesto.


            Me negué a irme a vivir con sus padres ni con los míos. “El casado, casa quiere”, dije. Y a pesar de que no teníamos un clavel, buscamos piso. Me recuerdo a mí misma llorando ante el escaparate de una inmobiliaria, calculadora en mano, porque nadie nos daba una hipoteca para comprar vivienda con el sueldo de mi proyecto de marido, y yo no tenía trabajo. Un millón (de pesetas) habíamos conseguido ahorrar para la entrada, pero eso se iba solamente en los gastos de la compra. Tener eso y no tener nada, era lo mismo. Pero el alquiler no era una opción (es tirar el dinero, es tirar el dinero, es tirar el dinero, nos repetían).


Comencé entonces, para distraer el pensamiento (y no gastar en salir por ahí) un cuadro de punto de cruz. Pensé que, cuando consiguiera tener mi casa, lo colgaría en la entrada. No sabía cómo sería la puerta de mi ansiado hogar, si habría sitio para plantas o no, si sería lisa o a cuadros, clara u oscura, pero yo necesitaba esa puerta tras la que comenzar mi vida de pareja. Hasta que la tuviera, me tendría que conformar con soñarla… y bordarla.



Al fin, encontramos un piso baratito, mis suegros nos avalaron con su propia casa y un banco nos dio el anhelado préstamo (a un módico 17% de interés, rayando la usura). Eso fue en abril. En octubre nos casamos, con los muebles más baratos que pudimos encontrar y muchísima ilusión. Cinco años después nos tuvimos que trasladar por trabajo; vendimos aquella bombonera en la que tan felices habíamos sido, y comprobamos que, después de cinco años pagando, debíamos prácticamente la totalidad del capital y una buena parte de los intereses, además de un 1% de multa por cancelar la hipoteca. Rozando la tomadura de pelo.


Volvimos a morder el anzuelo del banco, y volvimos a comprar (alquilar es tirar el dinero, tirar el dinero, tirar el dinero…) El interés es menor, por suerte, pero once años después, cuando miro el cuadro de amortización, compruebo que sigo debiendo casi todo el capital, y que llevo 17 años casada, durante los cuales no he dejado de pagar piso religiosamente, alimentando a un banco en el que todo el mundo cobra mucho más que yo (de hecho ahora ya no cobro ni el paro, que se me acabó hace meses), y no tengo nada mío. Nada de nada. Bueno, sí, una deuda con la entidad usurera, digo financiera.


Hoy he visto que nuestro ínclito presidente del gobierno elimina la deducción fiscal por compra de primera vivienda, así que no sé cómo harán las parejas de polluelos ahora para comprar nido. Posiblemente, llorar ante el escaparate de una inmobiliaria, calculadora en mano, y terminar yéndose de alquiler. No queda otra. Si yo hubiera hecho lo mismo, durante todo este tiempo habría dado de comer a una familia honrada, en lugar de enriquecer al hatajo de sinvergüenzas que rigen el sistema bancario hoy en día. Así que sí, “el casado, casa quiere”, pero de alquiler.


Lanzo el guante de este reto a cuatro blogs:


Heroísmo agonizante 101 (ahí te va, Roy)


Las minimís (Irene, suelta la aguja y tecléanos algo, porfaplís)


Al rincón de pensar (Señorita Pensamiento, ya tiene usted tarea para hoy)


Algo más que lecturas (eso, dadme algo más, chicas)


Ahí os dejo el desafío; proponedlo vosotros también a vuestros blogs favoritos. Espero ver vuestras historias. Yo ya he cumplido mi parte.

1 comentario:

  1. Me ha gustado Susana, una historia que llega sin lugar a dudas, enhorabuena! ;-)

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