domingo, 29 de julio de 2012

MENTIRAS O VERDADES



            El asunto de los refranes antiguos es curioso: por años, décadas o siglos que pasen, siguen teniendo vigencia. Hoy me vino a la cabeza ese que dice: “cada uno cuenta la feria según le va”. Todo comenzó leyendo un titular de noticias en un conocido periódico.


            Aunque a priori sus palabras me llamaron la atención por lo escandalosas, me detuve a analizarlas un poquito, y saqué mis propias conclusiones. El diario en cuestión es uno de los que cojean del pie derecho (huelga decir que no hay periódicos neutrales ni independientes, porque cada uno de los que existen cuenta las cosas vistas desde su prisma particular), y decía más o menos: “El copago farmacéutico hace aflorar 150.000 tarjetas sanitarias de fallecidos usadas fraudulentamente por sus familiares”. Si uno se detiene a leer la noticia entera, traducido a palabras sencillas dice algo así como “menos mal que este valiente gobierno ha hecho pagar por las recetas a todo el mundo para aumentar la recaudación, porque así se han matado dos pájaros de un tiro: disminuir el gasto sanitario y desenmascarar una legión de ladrones tramposos que se lucraban a costa del resto de honrados ciudadanos”. Y tú te miras las manos y piensas: ¿soy un ladrón? Revisas tu cartera buscando las tarjetas médicas, las cuentas y dices: “uno, dos, tres, cuatro. Estamos todos vivos. Bien, no soy una malhechora sanitaria”, y aplaudes a quienes han sido capaces de abrir la cueva de Alí Babá de los ladrones de amoxicilinas y paracetamoles.


            Después de un rato, cuando ya la burbuja de la indignación se te ha desinflado (fulleros, desalmados, usar las tarjetas de los muertos, qué desfachatez) y los árboles no te impiden ver el bosque, se te ocurre repasar el proceso de obtención de un fármaco a través de nuestra Seguridad Social: vas al médico, te examina, te receta. Vas a la farmacia, te piden la receta y la tarjeta, pagas, te vas. En los enfermos crónicos, te dan recetas para tres meses, no más. Y te preguntas: ¿cómo se usa la tarjeta de un muerto para robar medicamentos? Empiezas a darle vueltas. Quizá pensionistas, enfermos crónicos, mueren y los familiares no dan de baja la tarjeta. Y los médicos siguen emitiendo recetas… ¿sin ver a los pacientes? ¿Eso puede ser? Y en ese caso, tratas de recordar lo que necesitaba el último familiar pensionista, anciano y enfermo crónico que falleció en tu entorno: insulina inyectada, Sintrón, Eparina, otra cosa para el corazón, ibuprofeno, bolsas para sonda urinaria… Vale. Supongamos que durante un par de meses, quizá tres, el médico de cabecera no le visita y sigues sacando ese material de manera gratuita. ¿Para qué te sirve? ¿Será que hay un mercado negro de bolsas de orina? ¿Tal vez la insulina se vende por internet y los diabéticos se la inyectan así, por las buenas, sin haberla obtenido en una farmacia? Y en caso de que todo eso fuera cierto, ¿serían tan estúpidos los defraudadores como para destapar su negocio turbio negándose a pagar un euro por receta? Eso ya te lleva, directamente, al “una explicación quiero”.


            Después de mucho buscar, vas atando cabos. Resulta que, ahora que van a obligar a pagar un euro por receta en algunas autonomías y un porcentaje a todo hijo de vecino, les ha dado por cruzar datos informáticos, y resulta también que hay 150.000 tarjetas de difuntos pendientes de dar de baja porque nadie se ha preocupado de hacerlo, porque los procedimientos no están claros, o no se siguen con rigor. ¿Existe algún manual que diga qué hay que hacer exactamente cuando alguien muere? Hay gestorías que están especializadas en ese trabajo, de hecho colaboran directamente con las funerarias. Lo cual me lleva a pensar que no hay 150.000 fieros defraudadores, estafadores y ladrones de medicamentos, sino que es una cifra aproximada de tarjetas que no se han dado de baja, pero que posiblemente tampoco se hayan usado desde que el titular falleció.


            España siempre fue un país de pícaros, desde luego, pero me da que últimamente vamos buscando los fraudes en la dirección equivocada. Lo que sí que tengo claro es una cosa: para ese periódico, esas 150.000 tarjetas sirven para llamarnos a los ciudadanos maleantes, y al gobierno actual héroes a la caza del estafador, eficaces, arriesgados y valientes en pos de la salvación del país. Si leyéramos el titular de la misma noticia en otro diario, tranquilamente podría decir: “La falta de coordinación entre administraciones públicas propicia que existan 150.000 tarjetas sanitarias de personas fallecidas sin dar de baja”, y como entradilla, en letra más pequeña, explicaría: “algunas de ellas han podido ser usadas de forma fraudulenta”. Pero claro, eso no repartiría medallas a los buenos de la película, ni desviaría la atención de los verdaderos ladrones de nuestra historia actual, que todos sabemos quiénes son, pero que no hay manera de que juez alguno los emplume. Y es que, verdaderamente, cada uno cuenta la feria según le va, o según le interesa que le vaya. Ahora, de los dos titulares, créase cada uno el que le dé la gana, para eso tenemos aún un cierto grado de libertad.


            Voy a pasarme por la funeraria, a ver si va a ser que Hacienda sabe que mi suegro murió, el Ayuntamiento también, Tráfico, Iberdrola y Gas Natural también, y resulta que Sanidad no se ha enterado. Que igual nos llevan presos por contrabando de aspirinas…

1 comentario:

  1. Clarificador, sin duda es así: intenta criminalizar al peón de a pie, para volver a los señoríos y otras injusticias pasadas

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