viernes, 27 de julio de 2012

MI CUARTO DE BAÑO



            El cuarto de baño es una estancia de las casas que siempre me ha llamado la atención. Estudiando ese rincón de las viviendas se puede saber mucho, pero mucho, mucho, de cómo son las personas que lo utilizan. Y ya no me meto en el tema de la limpieza, que cada uno en su casa limpia cuando puede y le da la gana, y uno no es más pulido porque su baño esté más pulcro, esto puede querer decir, simplemente, que le pagan bien a la doméstica. Hablo de todo lo demás: lo que hay en él, los productos que se almacenan, los detalles. La enjundia de la vida personal, porque podemos dormir en la cama o en el sofá, podemos usar el comedor solo para ver la tele, o no entrar en él en toda la semana. Podemos no usar la cocina nada más que para algún triste sándwich, pero el baño se usa, sí o sí. O sí.


            Cuando era pequeña, como las normas sociales aún no me habían implantado vergüenza alguna en el disco duro, curioseaba los cuartos de baño de las casas a las que iba de visita con mis papis. Escudriñaba los armarios, las toallas, los after-shave, las marcas de dentífrico, el estado y tipo de los cepillos del pelo. Ahora ya no lo hago, evidentemente. Pero solamente con lo que se ve sin abrir ningún armario ya tengo bastante. El cuarto de baño nos define.


            A los que les gusta que se vea el poderío económico, los cosméticos de marcas inalcanzables los colocan en estantes descubiertos, a la vista. He llegado a usar un baño en el que la dueña tenía una nevera mini para conservar los cosméticos “al caviar”, “al oro” y otras pijerías que no me caben en la cabeza. Yo, si pudiera permitirme una nevera en el baño (por amplitud, básicamente), la tendría llena de cava para disfrutarlo con mi chico en la bañera. Disparidad de criterios, se llama eso. Y cubitos de hielo, para jugar en la ducha. Y nata. No sigo, que hay niños.


            Las líneas de cosméticos a la vista hablan de sensatez o de ausencia de ella. Cuando hay muchísimos, mal rollo: la dueña no acepta el paso del tiempo, o es una caprichosa incorregible. Cuando los productos son masculinos, quieren decir dos cosas: o él es un dandy, o su mujer quiere que se cuide más y el machote se resiste. Si los estantes están llenos de botes de perfume a medio usar, quiere decir indecisión: no sé cuál de todos me va bien. La línea de cosméticos de Mercadona habla de “no tengo un duro, pero me gusta cuidarme”. No ver ninguno quiere decir que los dueños del cuarto de baño prefieren que su cuidado personal quede en el estricto ámbito de la intimidad, lo cual, para mí, es la mejor opción.


            Cremas anti-acné quieren decir que mamá se preocupa de los rostros de sus hijos adolescentes; maquillaje esparcido aquí y allá denota un carácter desastrado y terriblemente caótico. El rizador de pestañas olvidado en el lavabo grita “llamaron al timbre y salí corriendo”, y definitivamente, un baño ordenadísimo y limpísimo, con una mampara sin moho en las juntas de silicona, grifos impolutos y sin rayar y azulejos brillantes quieren decir “este es el baño que no se usa”.


            Para que no me acuséis de indiscreta con las vidas ajenas, voy a describiros mi cuarto de baño, y así os hacéis una idea. No hay mampara, es una partida presupuestaria que no contemplo de momento. Hay una cortina, con hojas de otoño y frases en francés, salida directamente de la sección “baño” de Leroy Merlín. En la bañera, que ya estaba picada cuando compré el piso, pero que para el fin que se usa sirve igual, hay una alfombrilla de goma, un bote de kilo de gel de Mercadona, y champús para todos; pelo graso para mi chico, anti-caspa para mi hija, específico niños para la peque, cabello teñido para mí. Un guante de crin que solo uso yo, y un bote de mascarilla para las puntas capilares femeninas. Las tres usamos la misma, cuestión de espacio. En las estanterías, seis frascos de colonia infantil: Hannah Montana, Agatha Ruiz del Prado, Nenuco... Un tinte castaño para cuando yo me sacuda la pereza, y dos albornoces. ¡Ah! Y una báscula, mi martirio de cada semana. Junto al lavabo, gel de alcohol para los “por si acasos”, el mismo frasco desde hace tres años. Un dispensador de jabón de manos, marca blanca y rellenado con gel de ducha, sin más. Un cepillo de uñas, indispensable. Y, en la parte izquierda, un número variable de revistas y libros. Sí, lo confieso, lo que más hay en mi cuarto de baño es literatura. Todo lo legible va a parar allí: suplementos de prensa, best-sellers, experimentos literarios, revistas de moda, catálogos de electricidad, manuales de costura… Podéis encontrar de todo. A veces se hace preciso aligerar el montón y reciclar revistas antiguas, pero siempre, siempre, hay algo que leer. Y no me sonroja publicar que en mi casa también se lee en el baño, porque aunque no lo digáis, todos lo hacéis.


            No os avergoncéis de llevar un libro al cuarto de baño. A él no le importa, con tal de ser leído.

2 comentarios:

  1. Muy bueno, como siempre. Mi cuarto de baño, coincide en muchas cosas con el tuyo. Pero discrepo en algo, jejeje. Yo NO LEO EN EL BAÑO, jajaja, te lo digo así, porque es cierto, no me daría en absoluto vergüenza reconocerlo si lo hiciera, pero es que soy de las que va al baño, hace lo que sea, se asea y sale. Mi amore incluso se asombra, porque soy la más rápida de las rápidas. Supongo que haberme criado en una casa con un solo cuarto de baño, me hizo ser así. Y eso que me gusta leer, me chifla, pero no le saco nada a hacerlo en el baño. Eso sí, lo que si hago, SIEMPRE, es ponerme música cuando me estoy arreglando, duchando, maquillando lo que sea. Ahh y también soy de cortina del Leroy Merlín, jajaja. Mi presupuesto aún, tampoco contempla la mampara. También relleno el jabón de manos con gel de ducha, cuando me descuido y se me olvida comprar. Y también es de marca blanca. Ahh y mis cosméticos, (que por cierto no están a la vista) son casi todos, línea Mercadona, Deliplus. Y si no lo son, es que me los han regalado, mi economía tampoco da para más. Lo único de marca, mi perfume, y porque me lo regala todos los años para mi cumple mi amore, e intento que me dure hasta el cumple siguiente. Y yo también cotilleaba de pequeña los baños ajenos....Vale ahora también cotilleo algo, jajaja. Bsazos bombón

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  2. Yo debo confesar tambien que me encanta leer, devoro los libros o me los como como dice mi entorno que conoce perfectamente lo que leo pero fíjate que no leo nunca en el baño. Dejo el libro por la página que vaya en el sitio que esté leyendo y me acerco al baño.

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