viernes, 20 de julio de 2012

MIENTRAS HAYA ALIENTO



            Esta es nuestra guerra. Esta es nuestra oposición, nuestra protesta. Que no es nada silenciosa, por cierto; más bien es tan ruidosa como dan nuestras manos y pulmones. No hemos querido poner en riesgo nuestra integridad física a manos de los antidisturbios, que se han convertido en algo así como los “malotes panolis” de esta película, porque están recortándoles derechos como a los demás, pero siguen zurrando a los que tratan de parar la sangría (me recuerdan un poco a las mulas aquellas que movían las norias, y para que fueran más deprisa en su trabajo, en lugar de recibir más pienso les daban más palos. Lo siento. Haber elegido ser torneros fresadores). Nuestra protesta ha sido, y será, la de las ganas de vivir, las ganas de reír, de que nuestros niños crezcan felices sin que revolotee sobre ellos la negra sombra de la prima de riesgo, los mercados y la madre que los parió.


            Suben el IVA del material escolar, nos recortan el sueldo, nos quitan una paga, desmotivan a nuestros maestros y nos retiran la ayuda para libros. Pues vale. Para la vuelta al cole, pasaremos unos meses comiendo pollo y lentejas, y nos olvidaremos de la ternera. Iremos de restaurante solamente cuando nos inviten a alguna boda, como antaño. Presionaremos para que nuestros hijos puedan heredar los libros de texto y las ladinas editoriales no cambien los formatos cada año para obligarnos a comprar libros nuevos. ¿Qué tendrán que reducir personal y echar trabajadores a la calle? Pues lo sentimos en el alma, pero nosotros también estamos en paro, bienvenidos al club. ¿Qué la ropa es más cara? Imaginación, herencia entre hijos de familiares y amigos, y arreglitos en casa (bajos, volantes, algún remiendo… nunca una aguja de coser se comió a nadie, que yo sepa). Pero seguiremos protestando a nuestra manera.


            El sábado pasado salimos de manifestación. Sin vallas, sin mulas de noria con su casco y su porra, sin pelotas de goma que en vez de juego producen hematomas. Sin proclamas anti-nada. Salimos a decir: no nos quitaréis la alegría, ni las ganas de ser felices y hacer que los demás lo sean, las ganas de hacer fiesta, de pasarlo bien. No nos quitaréis el hambre de cultura, porque cuando hayáis acabado con el último maestro de la educación pública, nos enseñaremos unos a otros; cuando hayáis despedido al último profesor de música de los conservatorios públicos, nos enseñaremos unos a otros. Cuando no tengamos dinero para disfraces (que ya no lo tenemos), cortaremos a trozos un rollo de papel adhesivo negro (19’50 €), como hicimos el otro día; nos vestiremos de blanco como las damas cubanas, y con ese magro presupuesto y un par de corchos quemados para tiznar ojos y narices, compondremos una comparsa de 101 perretes musicales, mayores y pequeños. Y saldremos a la calle, para regalar alegría y cultura, fiesta y despreocupación.


            Quiero que sepáis que, cuanto más difícil os empeñéis en ponérnoslo, más recursos encontraremos para salir adelante. Esta es nuestra forma de oponernos y de protestar. 101 perretes bulliciosos, con un mensaje claro: mientras haya aliento, soplaremos. Y soplaremos, y soplaremos, como el lobo de los tres cerditos, y algo derribaremos. No lo dudéis.

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