sábado, 14 de julio de 2012

NO PODRÁN



         Hoy me he dado cuenta de un detalle: la situación actual nos está haciendo un daño con el que no contábamos, y que no tiene nada que ver con ese agujero que están practicando a nuestros bolsillos, que de por sí ya es tremendamente grave, sino con algo más íntimo, mucho más personal. Hasta hoy, después de semanas, meses en los que hemos saltado de la estupefacción más absoluta a la rabia más enconada, pasando por la indefensión, el cabreo, la tristeza y todo un rosario de estados de ánimo poco agradables, no he reparado en que han estado robándonos algo más que el dinero.


            Lo que están haciendo con nosotros, manipulando la información que recibimos a través de los medios, poniendo la educación solo al alcance de los que más tienen, agrediendo a nuestros estudiantes, abandonando al sector de la minería, desprotegiendo a los ancianos y minusválidos, disparando los impuestos, nos indigna, nos cabrea, nos pone al rojo, pero aún nos enciende más el hecho de no ver que se persiga a los que roban de verdad. Vemos a una ejecutiva de banco hundir su entidad (empujada, no lo dudo, por los políticos de turno) y dejar su trabajo pidiendo una multimillonaria indemnización (“mi antecesor en el cargo ya cobraba eso”, dice sin siquiera ruborizarse, la muy…) Vemos a los ejecutivos de Bankia dimitir después de machacar los ahorros de muchas vidas de trabajo honrado, después de estafar descaradamente a los pequeños ahorradores con las famosas preferentes y las acciones de la entidad, que valen menos que la palabra del 90 % de los políticos. Los vemos irse así, sin más, con sus pensiones escandalosas, el riñón bien cubierto… y no vemos a la justicia hacer nada contra ellos. Vemos a una “representante del pueblo” en pleno congreso jalear el brutal tajo a los parados con un “así, muy bien, muy bien, que se jodan”, sin ser inmediatamente destituida de un puesto en el que cobra una barbaridad de dinero por no hacer prácticamente nada. Hagan eso ustedes en su puesto de trabajo, y verán qué rápido acaban en la cola del INEM. Pillen ustedes a cualquier contable de cualquier empresa trapicheando de esa manera y llevándoselo calentito, y verán qué pronto está entre rejas. Roben ustedes cualquier cosa de más de 250 € en donde sea, y verán dónde acaban. En este país, por lo visto, lo que hay que hacer es robar mucho, pero mucho, y besar unas cuantas aristocráticas bocas para irse de rositas sin tener que dar explicaciones en ningún tribunal. Cuando una nación entera quiere, necesita, clama por ver cabezas rodando, es solamente por una razón: porque nos han robado lo mejor que teníamos. A golpe de abuso y desvergüenza se han llevado nuestro humor.


            Piensen un poco: ¿cuándo fue la última vez que abrazaron a un amigo? (quitando las celebraciones futboleras, que son otra manera más de engañarnos y mantenernos anestesiados) ¿Cuántas veces han hecho el amor con su pareja en los últimos tiempos? ¿En qué comida o cena no han salido a la mesa la crisis, el paro, las dificultades, los recortes? ¿Cuándo fue la última vez que se sintieron despreocupados y felices? ¿Cuánto hace que no se juntan con los amigos para cantar y bailar por el puro placer de cantar y bailar? ¿Qué noche, al irse a dormir, no se sienten tan psicológicamente agotados que solo desean cerrar los ojos, y ni siquiera se esfuerzan en hablar con quien duerme a su lado? ¿En cuántas de las últimas reuniones familiares a las que han asistido han terminado discutiendo con alguien querido por el mismo tema? ¿Cuántas noches, en los últimos meses, han tenido pesadillas? Echen cuentas, recuerden. Obsérvense. Ya no parecemos españoles. Ya no sé ni lo que parecemos. Nos están quitando la alegría.


            Vienen tiempos en que, si no nos ayudamos unos a otros, estamos vendidos. Yo he tendido mi mano a mis amigos para cualquier cosa que pueda hacer que les ahorre unos euros: coger el bajo a unos vaqueros (de 6 a 12€ en cualquier establecimiento de arreglos), traer encargos del pueblo de al lado si tengo que ir (coches que no se mueven, gasolina que no se gastan), y cosillas así. Los demás han respondido de igual manera, y esta cadena de ayuda mutua nos evita gastos a todos. Ya sé que no es bastante, pero es una semilla de lo que ha de venir, que no es otra cosa que retroceder y empezar casi de cero, mirar alrededor y vivir en comunidad, no en solitario, como hemos hecho las últimas décadas.


            No tengo la receta económica milagrosa que alivie este desastre, pero sí la otra, la que haga que además de pobres no nos hagan unos desgraciados infelices. ¡Cantores! Canten, aunque no tengan ganas. Júntense con sus amigos, canten y diviértanse. ¡Músicos! Toquen, aunque no les apetezca. Queden con otros músicos, improvisen, inventen, toquen y diviértanse. ¡Bailarines! Pongan un CD en la plaza, bailen y dejen que se les unan los que pasen por allí, anímenles, enséñenles unos pasos, y diviértanse. ¡Amigos! Busquen a los suyos, abrácense, recuerden anécdotas y rían, sin hablar de política, sin mencionar que están en paro. Aún respiran, aún están vivos, aún pueden tener un rato alegre apoyados en los que aman. ¡Parejas! De hecho, de derecho, civiles, canónicas, heteros, homos, lo que sean… ¡bésense! ¡Hagan el amor cuanto puedan! Todo esto aún es limpio, aún no tributa. Aún puede salvarnos. Demos ese paso, hagamos ese esfuerzo cada día, y todo mejorará. Ya lo verán.


            Aquí les dejo un enlace; déjense invadir por esta melodía, es un buen regalo para un sábado como este. Limpien su pensamiento de tanta basura emocional que nos proporcionan nuestros queridos gobernantes y jefes, salgan a la calle y festejen, aunque sea con agua de una fuente pública, que seguimos aquí y que saldremos de esto sin perder la alegría.


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