lunes, 13 de agosto de 2012

CHIVATOS



            Soy un buen ciudadano. Cumplo con la ley, he dado dos hijos a la sociedad para que no pare el crecimiento de mi país, pago mis impuestos y tengo la conciencia tranquila. Incluso colaboro más que muchos otros españoles a mantener la nación con pequeños gestos, como aceptar sin quejas el copago sanitario, por ejemplo. Eso sí, hasta ahora mi madre nos sacaba gratis con su cartilla de pensionista los paracetamoles y los ibuprofenos para toda la familia, pero bueno, la mujer no está enferma de casi nada, así que no le hace demasiado gasto al sistema sanitario con eso, ¿no? Otros toman medicinas por valor de cientos de euros cada mes, y se las pago con mis impuestos, así que justo es que yo me beneficie un poco.


            Otra cosa que suelo hacer es contribuir a que los empleados municipales mantengan su puesto: no uso las papeleras públicas. En los paquetes de pipas no pone nada sobre que haya que depositar las cáscaras en ningún sitio específico, así que yo voy regando la calle con ellas; no son residuos peligrosos, como las pilas, ni contaminantes, como los plásticos. No hago daño al medio ambiente, no es un delito, y ayudo a que los barrenderos justifiquen sus puestos de trabajo, igual que cuando mi perro deja algún regalito en la acera: si nadie me está mirando, no me agacho a recogerlo. Que trabajen, que para eso les pago con mis impuestos.


 No compro discos ni pelis en el top manta, así que no hago nada por animar a la inmigración ilegal; si quiero música o cine, me lo bajo de internet. Eso no es robar, los archivos están ahí para algo, ¿no? Tampoco compro libros, para no contribuir a la destrucción de los bosques de mi planeta, aunque jamás se me ocurrirá ir a la biblioteca a por lectura. ¡Qué asco! A saber cuántas manos habrán sobado esas páginas, cuántos se habrán mojado el dedo en saliva antes de pasar la hoja, o qué habrían tocado antes… Prefiero no leer, la tele e internet ya me informan de todo.


            Técnicamente estoy en paro, de hecho lo estoy cobrando. Me fui de la empresa porque mi jefe me tenía harto, pero me arreglaron los papeles como si fuera un despido para que pudiese percibir la prestación, maniobra que es, lo digo desde ya, totalmente legal. Tengo dos años por delante para descansar, que me lo he ganado, para eso coticé. Después ya veremos, porque no pienso aceptar ningún puesto que no sea de lo mío, tengo que hacer valer mis estudios; además, los trabajitos que hago “de estrangis” son simples favores a los amigos, no me voy a hacer autónomo por esas chorraditas, que vale un ojo de la cara. De momento me voy al apartamento de la playa, y al cuidado de la abuela vamos a dejar a una boliviana de confianza para que viva con ella. Que conste que la mujer no está dada de alta porque no le conviene, prefiere cobrar en negro. Allá ella.


            El país está muy mal, y la mitad de la culpa la tienen todos esos ilegales que nos roban el trabajo a los de aquí, que vas por la calle y entras en las tiendas y no ves más que extranjeros. Yo, como soy un buen ciudadano, he denunciado a todos los “sin papeles” que he conocido (menos a la boliviana que cuida a mi madre, pobre mujer, es buena gente, tiene hijos en su país). Si no los echan de aquí, seguirán atascando las urgencias de los hospitales por cualquier chorrada, y luego yo necesitaré que me atiendan y tendré que esperar durante horas. Poner su presencia en conocimiento de las autoridades no es insolidario, es contribuir a mejorar lo que es de todos, lo nuestro. Eso sí, a los ingleses y alemanes de la costa y las islas, que no me los toquen, que son turismo de calidad.


            Ahora he visto en las noticias que se puede denunciar a los que den datos falsos para conseguir que a sus hijos los admitan en mejores colegios, y yo lo voy a hacer, sí señor. El sinvergüenza de mi vecino (qué ganas le tengo) empadronó a sus críos con la abuela para que se los matriculasen en un concertado de prestigio, y a mis niños les denegaron la plaza. Yo tengo, por culpa de inmorales como él, a mis chiquillos estudiando en un colegio público al que van negros, y gitanos, y de todo, que cada dos por tres vienen llenos de piojos, y no hay derecho. A ver si con la denuncia consigo que expulsen a los suyos y que se jorobe, por tramposo. No por eso soy un chivato, sino un buen ciudadano. Mientras tanto, disculpadme, que voy a tramitar la ayuda para comedor y libros de texto, que para eso estoy en paro, y tengo mis derechos. Y que no me los toque nadie.

2 comentarios:

  1. Por desgracia, "La doble moral" es una práctica habitualísima en nuestro país.
    Excelente relato

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  2. ¿ Y quien dice que no haya hecho alguna de estas cosas alguna vez que otra?jajjajaja. Me ha encantado, nunca dejes de sorprenderme

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