lunes, 3 de septiembre de 2012

COMIENZOS


            Los comienzos siempre son difíciles. En cualquier cosa. Es como cuando uno nace: primero hay que aprender a andar, y nos caemos mil veces. Nuestros padres compran acciones en las fábricas de pomada para chichones, y seguimos adelante. Después hay que aprender a hablar, y los mayores se ríen de nosotros (con ternura, eso sí) porque decimos “rompido” en lugar de roto, y “cocolilo” en vez de cocodrilo. Nos corrigen, y seguimos aprendiendo.

            Comparo a veces los dibujos que hacían mis hijas cuando eran más pequeñas con los que hacen ahora, y me asombro de la simpleza de las formas: un redondel para la cara, dos agujeros para la nariz, una línea curva para la boca, espirales o rayas para el pelo… pero ya eran caras reconocibles. Y a pesar de su imperfección, esos esbozos eran un paso imprescindible: sin aquellas líneas no habrían aprendido a dibujar.

            Por no ir demasiado lejos, hace pocos días, escuchando a mi flautista ensayar para su examen de paso de grado, recordábamos la primera audición de su vida, con cinco años. Solamente soplaba el tudel, porque ni siquiera los dedos le llegaban para accionar los platos de la flauta. Una sola nota, acompañando rítmicamente con ella la melodía infantil que tocaba su maestra. No hace tanto de eso, me da ternura recordarlo porque parecía que no había aprendido nada, pero sin aquellos soplidos cortos, nerviosos e inseguros, las obras de Telemann, Borodin o Meunier que toca ahora con soltura no habrían sido posibles.

            Crecemos, y seguimos aprendiendo. Y elegimos un camino, quién sabe si el bueno, quién sabe si equivocado, que nos llena y nos ilusiona. Pero para destacar en él hace falta tiempo, constancia, trabajo, ayuda y un soplido de suerte. Os pongo mi caso como ejemplo: no tengo padrinos que me introduzcan en el mundo literario, tampoco pasaré a la historia de la literatura por mis grandes obras, ni las estudiarán los alumnos de instituto en el futuro. Escribo para las personas, para los sentimientos, para el día a día. Para sentirme útil, hacer pensar, contar a los demás cosas que creo que merece la pena saber, para que unos y otros vean y sientan que no están solos, que todos tenemos alegrías y conflictos. Que no todas las historias acaban bien, pero que muchas sí lo hacen. Sin embargo, el sendero que he elegido, el de la narrativa, está lleno de piedras. Supongo que para ver algún día un libro mío en el escaparate de las librerías tendré que trabajar mucho, ser muy pesada, aburrir las redes sociales con mis historias, abrirme un canal en youtube para contároslas de viva voz, ir a muchos clubes de lectura… y aun así, dudo que nunca lo consiga. Pero lo seguiré intentando.

            Todos los comienzos son difíciles, nadie triunfa a la primera, a lo loco, porque sí (bueno, salvo Justin Biever, pero eso es otro cantar, nunca mejor dicho), y cualquier ayuda es buena. Por eso hoy os he contado todo esto: os quiero presentar una hermosa promesa que ha decidido intentarlo. Tablas no le faltan, es linda por donde se la mire, y está llena de ilusión, como todo el que empieza. No sé hasta dónde llegará en su empeño, pero si mi criterio os sirve de algo, a mí me gusta. Y si tenéis un par de minutos, me gustaría dejaros su carta de presentación, para que su cara y su voz os vayan sonando.

            Son sus primeros pasos en este camino tan complicado de la música. Puede que transite por él poco tiempo, o toda la vida, eso depende de muchos factores. Pero si llega lejos, si lo consigue, recordad que yo os la presenté, y no porque compartamos sangre, sino porque creo en ella.

No hay comentarios:

Publicar un comentario