martes, 25 de septiembre de 2012

DONDE MENOS TE LO ESPERAS


Las mejores cosas de la vida te ocurren donde menos te lo esperas, y a menudo cuando menos las estás buscando. Yo lo tengo más que comprobado. Es como cuando quieres quedarte embarazada: lo intentas con ahínco durante meses, incluso cuando no te apetece nada meterte en faena, ignorando cansancios y dolores de cabeza, y no hay manera de conseguirlo. Y cuando estás de mudanza, o te encargan un proyecto que te tiene sorbido el seso, o fallece alguien cercano, y tienes ganas de cualquier cosa menos de jarana erótico-festiva, ese mes, con un rato tonto que te entre… ¡zas! Preñez al canto.

            Si hace seis meses alguien me pregunta dónde está Romancos, juro que se me queda cara de panoli. Ni idea. Enfatizo: ni repajolera idea, ni flowers, cero patatero. Pero el azar quiso que internet me pusiera en contacto con un ángel violinista nacido allí, una cosa llevó a la otra, y al fin me lo propuso: “Tenemos un club de lectores. ¿Tu vendrías a Romancos con tu libro para hablar sobre él?” Pues qué queréis que os diga. Yo a los ángeles no puedo negarles nada, pero antes de aceptar admito que dudé.

            Ya que me dio hoy por sincerarme, he de reconocer que había perdido la esperanza de que mi libro de cuentos llegase a ninguna parte. Eché un vistazo a la red para ver algo sobre el lugar en cuestión. Habida cuenta que vivo en un pueblo de 1700 habitantes en el que todo el mundo sabe a qué me dedico, y que no me han propuesto nada así nunca (incluso doné un ejemplar para la biblioteca y no lo han puesto en las estanterías), al ver el censo aproximado de Romancos pensé: “¡Uf! Qué chiquito. ¿Y si me planto allí y el club de lectura consta de cuatro o cinco miembros?” Sin embargo, era la primera vez que un grupo me ofrecía leer el libro y comentarlo conmigo, y el escenario era un lugar en donde nunca había estado, de modo que la aventura era completa. También pensé: “bueno, es tu primera presentación, no esperes un salón de actos lleno hasta la bandera”. Y me taché a mí misma de exceso de ambición y falta de modestia por haber dudado si aceptar o no. Tenía que ir, sí o sí.

            Llegamos al lugar después de comer, y el pueblo estaba tranquilo, inmerso en la siesta. Localizamos la casa rural donde habíamos reservado el alojamiento (esto merece historia aparte, así que no voy a contar nada hoy sobre ella, me lo reservo para mañana), dejamos la maleta, nos instalamos y salimos a dar una vuelta. Vimos las casas, el parque, la iglesia y el cuidado jardín que la circunda, la plaza, la tienda, los dos bares… y ya está, no había mucho más, o eso nos pareció en un principio. La luminosa sonrisa de la chica del bar nos saludó desde la ventana. “¿Tú eres la escritora? Como luego vendréis aquí, que hemos preparado algo de picar, me dedicas el libro. Por cierto, me ha encantado”. No vimos a nadie más, y decidimos ir a cambiarnos de ropa para el acto (y a pasar por chapa y pintura, ya sabéis cómo somos las mujeres, que sin el ojo pintado y el labio brillante pensamos que no estamos a la altura). Y así, en comitiva familiar, volvimos a la plaza. En ese momento, Romancos se abrió para nosotros y su gente empezó a acudir a nuestro encuentro.

            Me resultaba difícil imaginar que un pueblo tan pequeño tuviera tanta inquietud cultural, tantas ganas de saber, de vivir, de experimentar, tanta vitalidad. El grupo “Romancos activo” organiza encuentros, charlas, conciertos, carreras populares, rutas de senderismo, carnavales, fiestas, y todo lo que a ese heterogéneo grupo de alcarreños se le ocurre que se pueda hacer y aporte algo al municipio y a quienes viven en él. Comencé a pensar que quizá yo no estuviese a la altura, que tal vez esperaban a alguien más grande, a una escritora con más bibliografía, o qué sé yo.

            El salón de plenos casi se llenó. Hasta la alcaldesa vino a compartir tertulia. Mi ángel violinista me presentó ante los asistentes, y dijo cosas de mí que me hicieron sonrojar hasta la raíz del cabello (bendito maquillaje, que lo disimula todo). Y luego comenzamos a charlar. Como amigos, como buenos vecinos, cómodamente, entre bromas, pero con muchísima sinceridad. Es ahí cuando te das cuenta de que el cariño empieza a brotar, a flotar y a contagiarse. Se habló de sentimientos, de verdades, de fantasías, de lugares. Se habló de pensamientos, de corazones, de enamorarse y desenamorarse. Todos los temas tuvieron cabida, el reloj nos cantó su canción un par de veces, y terminé leyéndoles un texto sobre mí, para que conociesen un poco más el porqué de mi forma de ver las cosas.

            El “algo de picar” en el bar de la plaza consistió en un banquete para ochenta (alma arriba, alma abajo), y la tertulia, entre botijos, chistorra, delinanas de gambas, patatas bravas (atómicas, diría yo) y risas, se alargó hasta las mil. Firmé libros (Dios, qué ilusión más grande hace eso, no os lo podéis ni imaginar), y Jose, Carlos, Javi, Carmen, Heidi, Lucía, Alicia, Encarna, Germán, Borja, Aarón, Héctor, Ángel, Teresa y unos cuantos más me enseñaron dos grandes lecciones: la primera es que no importa que el pueblo sea pequeño si las ganas de disfrutar son grandes. Y la segunda es que calidad y cantidad no siempre van de la mano, y que un puñado de personas que realmente aprecian tu trabajo es mucho mejor que un auditorio lleno de gente en donde la mayoría no ha conseguido sentir lo que yo quise transmitirles con esas historias.

            Siempre estaré agradecida a Romancos por su acogida, y espero poder presentar en su salón de plenos, antes que en ningún sitio, cada libro que vaya pariendo mi imaginación. Donde menos te lo esperas vives algo irrepetible, y te arrancas, como yo hice, un pellizco de corazón para enterrarlo allí, y así tener una buena excusa para volver.

            Me regalaron miel, no en vano aquello es la Alcarria, pero así como he compartido lo que sentí con todos vosotros, del trabajo de sus abejas no os pienso dar nada. Me lo guardo para endulzar futuras historias. Gracias, romanqueños.
http://www.youtube.com/watch?v=KUNuj1Jto6s&context=C3e7b0d2ADOEgsToPDskLCH6U8Atu_M2eG7ZY4NMk4

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