miércoles, 5 de septiembre de 2012

LA PARTIDA


            Las tres jugadoras se miraron sin hablar. Los rostros serios, los dedos tamborileando inquietos sobre el tapete. El nivel de concentración era máximo, y se estudiaron unas a otras con detenimiento durante algunos instantes. La partida iba a ser intensa, no podía haber errores. Se jugaban mucho, y ninguna de las tres estaba dispuesta a salir vencida, pero solo una de ellas podía ganar.

            No había humo en la sala, el tabaco estaba prohibido. Allí se respetaba escrupulosamente la ley de las salas de juego. Sobre la mesa, un cuenco de grageas de chocolate, por si la partida se hacía larga: el protocolo no escrito dice que nadie puede abandonar la mesa de juego antes de que éste termine, y cualquier ausencia se interpretaba como un abandono. Frente a las jugadoras, un gin-tonic, una coca-cola y un zumo multivitamínico. Las tres mejores de la zona, un duelo titánico sin espectadores. Nada debía entorpecer el enfrentamiento épico que iba a tener lugar esa tarde.

            Se repartió la primera mano. Cada una miró lo que le había tocado en suerte tratando de que en su cara no se reflejase ninguna emoción. Los primeros puntos se los anotó la chica de la coca-cola, que sonrió satisfecha. La del gin-tonic calculó su contra-ataque, que dejó a la primera con la boca abierta. La del zumo las dejó hacer, segura de tener más triunfos que nadie en su mano. Las superó a las dos. No pasaba nada, aún quedaban muchas rondas por jugar.

            En la segunda mano cambiaron las tornas. Esta vez era la del gin-tonic la que mandaba. Era la de más edad, y no tenía compasión. Las otras dos combinaban mentalmente lo que tenían en la mano sin encontrar la fórmula para derrotar a quien, en apariencia, iba a aplastarlas. Dos manos más, y la situación continuaba igual. Se confió, segura del triunfo final. Ese fue su error.

            Poco a poco las dos más jóvenes le fueron comiendo terreno, paso a paso, sin grandes ni espectaculares jugadas, sin faroles ni artimañas sucias, y el azar comenzó a sonreírles. Con lo que la mujer del gin-tonic tenía únicamente podía arañar algunos puntos, y sin embargo ellas parecían sacar los triunfos uno tras otro, como por encanto. Tal vez había subestimado a sus contrincantes, quizá pensó que su experiencia en el juego sería suficiente para vencer, pero los resultados ya le estaban demostrando que no era así.

            Dos horas. Sin tregua. Dos largas horas sin ir al aseo, sin mover el trasero de la silla. Aquello ya tocaba a su fin, y los tantos que acumulaban las tres jugadoras eran casi los mismos. Todo se iba a decidir en la última jugada. La mujer del gin-tonic pensó, y pensó, y volvió a pensar, pero con lo que le quedaba ya no podía hacer nada más. Cuatro fichas inútiles en su mano. La chica de la coca-cola tenía dos, y las dio por perdidas. No se le ocurrió cómo sacarles partido. El juego se cerraba. A la muchacha del zumo le quedaban tres. Si las tiraba, si no conseguía hacer ningún punto más con ellas, estaría vencida.

            Tres fichas. Miró a la mesa, observó los rostros tensos de sus contrincantes. No encontraba el sitio, no veía la manera, pero no quería perder. Y de pronto, se le hizo la luz. Desapareció su cara de póker, arrasada por la sonrisa del triunfo. Colocó sus fichas, dos aes y una ce a continuación de otra ce que ya estaba en el tablero. CACA. Triple tanto de letra en la ce, sumado a las otras, catorce puntos. Ganó.

            Apuré el gin-tonic mientras mi hija pequeña se reía en mis propias narices. Ella ganaba, con lo cual me tocaba a mí hacer la cena y a su hermana poner y quitar la mesa, y también fregar los platos. Nos había ganado por una CACA de diferencia después de haber encajado palabras como HINOJO o REDAÑOS, después de EXITOSAS y CAMILLERO, que nos hicieron sudar tinta para combinarlas.

            Cría cuervos… y tendrás muchos. Y te ganarán por una caca de diferencia. No vuelvo a apostar nada con mis hijas antes de jugar al Scrabble. Lo prometo.

1 comentario:

  1. A mi me ha pasado igual con el Junior...

    "Y yo que me creía el rey de todo el mundo"...

    www.heroismoagonizante101.wordpress.com

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