sábado, 15 de septiembre de 2012

UN INOCENTE CAFÉ


            Estaba nerviosa. Le esperaba desde hacía rato, pero no porque él se estuviera retrasando, sino porque ella había llegado premeditadamente pronto. Lo que iba a decirle no resultaría fácil en principio, y tenía que reunir algo de valor para hacerlo. Le había citado con el pretexto de un inocente café entre amigos para hacerle una consulta de trabajo, pero sus intenciones distaban mucho de ser inocentes.

            Se conocían desde hacía años, siempre se cayeron bien. Mejor que bien, quizás, porque ella siempre pensó que se habían encontrado tarde, cuando los dos ya estaban casados con otras personas. Ella se enamoró desde el primer día, y a partir de ahí nada de lo que hizo o dijo su marido le pareció hermoso ni suficiente. Se mantuvo callada, esperó que todo fuese una ilusión pasajera y que las aguas volvieran a su cauce, pero el río de su deseo cada vez era más caudaloso e incontrolable, y terminó por separarse. Desde entonces no había hecho otra cosa que pensar en él, en cómo hacer para que se diese cuenta de que lo amaba.

            Él salió del trabajo y fue a su encuentro. Se saludaron con dos besos, como siempre, y llegó el camarero con los cafés. Charlaron de todo un poco, dando rodeos para evitar la conversación que había de producirse, y que no resultaba fácil de comenzar. No era posible que él no hubiese advertido el perfume, los labios rojos, el esmerado recogido de su pelo, el vestido verde que le alabó aquella vez. Toda ella era un semáforo de intenciones, y a buen seguro él ya había comenzado a desearla también, como la mitad de los hombres que había en la cafetería, algunos de los cuales la miraban sin siquiera disimular.

            Se cansó de hablar de intrascendencias, y atacó el tema. “Te he traído aquí para hacerte mío. No puedo seguir viendo cómo te mantienes a su lado por lástima, sé que sientes lo mismo que yo, que no la quieres, que sueñas con amanecer conmigo cada día. Que solamente te une a ella la promesa que le hiciste hace mucho tiempo, pero cuando la abrazas, cuando le haces el amor piensas en mí. Sé valiente, hoy por hoy un divorcio ya no escandaliza a nadie, ella saldrá adelante. No te niegues la oportunidad de ser verdaderamente feliz a mi lado. Bésame y todo lo que ocurra después será lo mejor de nuestras vidas”.

            Su cara de estupefacción habló con una elocuencia aplastante. Nunca había visto en ella más que a la amiga que era, jamás la miró con otros ojos, ni imaginó que la causa de que aquel matrimonio se hubiese ido al garete era él. No reparó en que ella se arreglaba de forma especial si el grupo de amigos quedaba para cenar, o salir al campo, o lo que fuese, e iban a verse. Se le cayó el café sobre la camisa y, atribulado, no supo qué decir. Ella le cogió la mano y la puso sobre su mejilla, y a él le dio tiempo de reunir el valor preciso. “Cuando mis labios hablan de amor no es tu nombre el que pronuncian, y si te beso ahora nunca lograrás entenderlo. No soy el héroe romántico que buscas, no estoy con ella por lealtad, sino porque la amo. Lo siento, no quisiera herirte, pero nunca he pretendido que vieses en mí nada más que el amigo que siempre he sido. Vamos a olvidar que esta conversación se ha producido, y sigamos adelante cada uno con su vida. Ojalá encuentres pronto con quién compartirla”. Y sin más, la besó en la mejilla y pagó la cuenta.

            Cuando él llegó, ni siquiera le vio entrar, tan inmersa estaba en sus pensamientos, en cómo se lo diría y en cómo reaccionaría. La saludó con dos besos, como siempre. “Qué guapa estás hoy. Has quedado con alguien para cenar después, ¿verdad? Vaya, cuánto me alegro. Ayer mismo comentábamos Maite y yo que ya iba siendo hora de que te rehicieras después del divorcio, es estupendo que salgas con alguien y te diviertas. A lo mejor pronto conoces al hombre de tu vida, ¿quién sabe? Bueno, cuéntame. ¿Qué necesitabas preguntarme?” Y ella, con lágrimas en los ojos, se marchó precipitadamente, dejándole con la interrogación en la boca y la cuenta de su café sin pagar.

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